Retrato de V. S. Naipaul. Foto de PA Images /Alamy Stock Photo

La mirada al mundo de V.S. Naipaul

Los ensayos de V.S. Naipaul permiten reflexionar sobre la fragilidad de la libertad y del progreso, y arroja luz sobre los mecanismos por los que se establecen relaciones de poder. Los conocimientos que Naipaul comparte en el magnífico volumen El escritor y el mundo no son del tipo teórico, sino que son resultado de una cristalización lenta a través de la observación de la condición humana y la experiencia

El panorama actual no va sobrado de (buenos) observadores, no periodistas de parte, quizás por eso cuando uno topa con uno de la agudeza intelectual y humana de V.S. Naipaul la alegría es doble. Son muchas las reflexiones que pueden extraerse de los ensayos del Nobel hindú reunidos por el sello Debate en el magnífico volumen El escritor y el mundo. Se trata de un vívido mosaico de piezas muy personales en la trayectoria de este novelista donde el lector puede asomarse a algunas de las vivencias claves del autor. Una muestra amplia y variada que abarca diversos continentes entre finales de los años 60 y mediados de los 90. El gran hilo conductor del libro es la voluntad del escritor hindú por observar, pensar y escribir. Un esfuerzo por entender el mundo tal y como es, reflexionar a través de la escritura y compartirlo con los lectores.

Las observaciones de Naipaul resuenan en muchos casos con un fuerte eco en el presente. La habilidad del escritor para fijar su atención en lo fundamental, desojando lo accesorio, hace que sus escritos sean a la vez ágiles en la lectura, pero donde no sobra nada, con un mar de fondo de vocación universal

La pieza central del libro es cuando el autor se asoma sus raíces y explica la compleja y taciturna política en la India a finales de los 60. Se nos muestra una India democrática, pero inabarcable, llena de promesas incumplidas, carcomida por un victimismo crónico más lesivo que la propia herencia colonial. Lejos de imágenes idealizadas o románticas, Naipaul muestra un país adormecido en su propia complacencia e incapaz de avanzar. Un país que no se vive, se sufre. Este severo diagnóstico también podemos verlo en su fino análisis de parte del África postcolonial. Notable resulta el testimonio de la transición política en el antiguo Congo Belga. Con visibles trazas de inteligencia lampedusiana, Naipaul describe con fineza el proceso de transformación liderado por Mobutu, el primitivo dictador de la recién creada nación del Zaire, uno de esos tantos episodios fallidos y trágicos de marxismo africano. El texto describe como los escenarios y las palabras mutan para que la dinámica social y política siga exactamente igual, o peor. Con una gran inteligencia sobre la naturaleza y las sombras de la condición humana, el autor describe algunos de los resortes de construcción nacional que permiten controlar el poder, un proceso que incluye la politización del lenguaje o la dominación de la educación y los libros de texto, y hasta la propia historia del país. Todo tiene que controlarse y ajustarse al nuevo relato de poder. Mobutu nacionalizará las diferentes industrias, e impondrá un régimen de terror para con los de fuera, paternalista para con los de dentro, que condenará a la pobreza extrema al Zaire hasta bien avanzado el siglo XX.

Las observaciones de Naipaul resuenan en muchos casos con un fuerte eco en el presente. La habilidad del escritor para fijar su atención en lo fundamental, desojando lo accesorio, hace que sus escritos sean a la vez ágiles en la lectura, pero donde no sobra nada, con un mar de fondo de vocación universal. El autor, volviendo a Mobutu, describe como el dictador africano habla sin cesar en los medios (controlados) zaireños; su voz se oye a través de la radio pública por toda la selva donde la gente le ríe los chistes y aplaude. Mobutu, concluye Naipaul, ha tenido la lucidez de dar al pueblo lo que este necesita. En este caso, un Rey africano; da igual que sea un mal rey. Una paz africana; da igual que sea una paz tensa y estéril. Esto es lo que pide un pueblo alérgico a la responsabilidad y contrario a la creación que prefiere obedecer a pensar.

Otro ensayo notable es el que aborda el peronismo argentino. De manera muy cruda, el genial novelista desnuda los mitos del dictador Juan Perón y su corrosiva, insegura y fanática joven mujer, Eva Perón. Ambos sembraran un germen paralizante para el país cuyas consecuencias llegaran hasta nuestros tiempos. Se trata de una historia tremendamente trágica: la historia de un país que, teniéndolo todo de cara, decide tirarlo todo por la borda por culpa del cainismo y la envidia de dos fanáticos y, no contentos con eso, optan por persistir en el error. Un camino hacia la perdición que, paradójicamente, acabará poniendo en un pedestal a los responsables de este gran desatino político, social y económico. La adoración del becerro de oro llevada al paroxismo. La aguda mirada del autor nos conduce al corazón del grano identificando las nefastas e inmisericordes consecuencias de la inflación, esto es, el empobrecimiento por el empobrecimiento. Las políticas de presunto gasto social se convierten en una pesadilla y envilecen la moral de la población, cada vez más presa del juego, las apuestas y cualquier camino que sea corto y fácil. Se diluye el esfuerzo, el ahorro y la visión a largo plazo.

De nuevo aparecen los fantasmas del marxismo que, como en otras ocasiones, son lentes espesos que distorsionan el diagnóstico que aún se torna más avieso y complejo cuando en la ecuación se suma el periodo de dictadura y las represiones policiales. Un despropósito tras otro, descritos con gran maestría y que permiten entender la gran paradoja que es que uno de los países más ricos del mundo sea también el que más veces ha solicitado asistencia financiera al Fondo Monetario Internacional por repetitivos episodios de impago de su deuda. La prensa, señala Naipaul, incapaz de entender lo que pasa, se convierte en un entresijo más que alimenta la espiral de ignorancia y desesperación. Indicaciones, muchas de ellas, iluminadoras del momento actual.

Quién viaja mucho y lee mucho; ve mucho, y sabe mucho”, recuerda Cervantes

La gran efectividad de los textos de Naipaul y su gran agudeza descansa en ser un buen observador y en entender la importancia de las ideas en el devenir de la historia. Las pasiones, las emociones y las malas ideas, a menudo, son los grandes motores que hacen avanzar hacia el precipicio a las sociedades humanas. Por acción u omisión, por miedo, por incapacidad o parálisis, a lo largo de la historia, naciones de todos los continentes han fracasado y sucumbido en grandes periodos de declive. Entender los orígenes de estos malos cultivos, donde nunca falta una mala idea, ya sea el comunismo, el nacionalismo, el fascismo, y variantes (Naipaul, habla de los peligros del fundamentalismo), permite esclarecer procesos y situaciones que de otra forma pueden parecer incomprensibles. Buenas ideas, ideas solventes, y la existencia de valores morales sólidos, son las dos únicos y grandes pilares que permiten a un sociedad progresar en todos los sentidos en el largo plazo.

Los ensayos de V.S. Naipaul permite reflexionar sobre la fragilidad de la libertad y del progreso, y arroja luz sobre los mecanismos por los que se establecen relaciones de poder. Los conocimientos que el escritor comparte en estas páginas escogidas no son del tipo teórico, sino que son resultado de una cristalización lenta a través de la observación de la condición humana y la experiencia. “Quién viaja mucho y lee mucho; ve mucho, y sabe mucho”, recuerda Cervantes. De ahí su gran valor, profundidad y, también, gran solvencia. El libro, además, incluye múltiples pinceladas de la gran inteligencia literaria del autor.  Qué el libro sirva para inspirar a nuevos y mejores observadores. Los necesitamos.

Cubierta del libro ‘The writer and the world’, de V. S. Naipaul.