Los halcones de la Diagonal y los bistecs con alas

“Barcelona es una ciudad que actualmente tiene unas 150 especies de animales silvestres, mientras que el Macizo del Montnegre tiene 148", según explica el Dr. Martí Boada. Paradojas de la bioindicación de la biodiversidad.

Un escalador quiere expoliar un nido de halcón Peregrino. El barranquismo, la actividad humana en lugares antes nunca vulnerados, contribuyó a la desaparición de la última pareja de halcones de los acantilados del Montseny. Fue en 1983 y, ay, “paradojas de la bioindicación de la biodiversidad, la pareja de halcones fue a parar a Diagonal con Balmes, en el piso 22 del edificio del Banc de Sabadell”, tal y como, socarrón, nos explica el Dr. Martí Boada, el gran naturalista catalán premio Global 500 de las Naciones Unidas.

Pues resulta que el sistema urbano ofrece sin querer toda una serie de elementos de confort que una pareja de halcones puede y sabe valorar: la tranquilidad del piso 22 de una sede bancaria “donde nadie les va a molestar”, la limitación de los grandes cambios de temperatura que ocasiona la llamada “isla de calor” que es la ciudad y la comida en bandeja. El Dr. Boada lo resume de una manera muy plástica: la ciudad ofrece “este tipo de bistecs alados que son las palomas, algunas tan grandes que no pueden casi ni volar”. Esto es: a primera hora de la mañana, nuestra pareja de halcones ya obtiene la aportación necesaria de proteína sin moverse, como si dijéramos, de la cama. En cambio, en los fríos riscos del Montseny, la cacería de una paloma torcaz o un arrendajo suponía un derroche de energía mucho más bestia.

El Montseny es un servicio más, como puede ser la Maternidad o el Camp Nou

“El paisaje es dinámico y en estos momentos Barcelona tiene algunos problemas en su metabolismo … por ejemplo, en el Puerto algunos sistemas de descarga siguen siendo problemáticos“. Sin embargo, el Dr. Boada, que tiene el ojo de la investigación fijado sobre el sistema urbano barcelonés, concede que los progresos en los últimos años han sido “notorios”. Tanto es así que, de nuevo, paradoja: “Barcelona es una ciudad que actualmente tiene unas 150 especies de animales silvestres, mientras que el Macizo del Montnegre tiene 148”. Paradojas.

Barcelona tiene una gran anilla verde que va desde el Montseny-Montnegre hasta el Garraf, que ya diseñó Rubió i Tudurí en los años 30 del siglo XX, y que acaba siendo un equipamiento más: “esto puede que no guste -dice el Dr. Boada-, pero el Montseny es un servicio más, como puede ser la Maternidad o el Camp Nou; estos paisajes periféricos son equipamientos, son servicios” para los habitantes del espacio urbano. Puede que no guste.

Los halcones de la Diagonal y los bistecs con alas

“Barcelona es una ciudad que actualmente tiene unas 150 especies de animales silvestres, mientras que el Macizo del Montnegre tiene 148", según explica el Dr. Martí Boada. Paradojas de la bioindicación de la biodiversidad.

Un escalador quiere expoliar un nido de halcón Peregrino. El barranquismo, la actividad humana en lugares antes nunca vulnerados, contribuyó a la desaparición de la última pareja de halcones de los acantilados del Montseny. Fue en 1983 y, ay, “paradojas de la bioindicación de la biodiversidad, la pareja de halcones fue a parar a Diagonal con Balmes, en el piso 22 del edificio del Banc de Sabadell”, tal y como, socarrón, nos explica el Dr. Martí Boada, el gran naturalista catalán premio Global 500 de las Naciones Unidas.

Pues resulta que el sistema urbano ofrece sin querer toda una serie de elementos de confort que una pareja de halcones puede y sabe valorar: la tranquilidad del piso 22 de una sede bancaria “donde nadie les va a molestar”, la limitación de los grandes cambios de temperatura que ocasiona la llamada “isla de calor” que es la ciudad y la comida en bandeja. El Dr. Boada lo resume de una manera muy plástica: la ciudad ofrece “este tipo de bistecs alados que son las palomas, algunas tan grandes que no pueden casi ni volar”. Esto es: a primera hora de la mañana, nuestra pareja de halcones ya obtiene la aportación necesaria de proteína sin moverse, como si dijéramos, de la cama. En cambio, en los fríos riscos del Montseny, la cacería de una paloma torcaz o un arrendajo suponía un derroche de energía mucho más bestia.

El Montseny es un servicio más, como puede ser la Maternidad o el Camp Nou

“El paisaje es dinámico y en estos momentos Barcelona tiene algunos problemas en su metabolismo … por ejemplo, en el Puerto algunos sistemas de descarga siguen siendo problemáticos“. Sin embargo, el Dr. Boada, que tiene el ojo de la investigación fijado sobre el sistema urbano barcelonés, concede que los progresos en los últimos años han sido “notorios”. Tanto es así que, de nuevo, paradoja: “Barcelona es una ciudad que actualmente tiene unas 150 especies de animales silvestres, mientras que el Macizo del Montnegre tiene 148”. Paradojas.

Barcelona tiene una gran anilla verde que va desde el Montseny-Montnegre hasta el Garraf, que ya diseñó Rubió i Tudurí en los años 30 del siglo XX, y que acaba siendo un equipamiento más: “esto puede que no guste -dice el Dr. Boada-, pero el Montseny es un servicio más, como puede ser la Maternidad o el Camp Nou; estos paisajes periféricos son equipamientos, son servicios” para los habitantes del espacio urbano. Puede que no guste.