De izquierda a derecha y de arriba abajo, versiones de la cubierta en japonés, alemán, catalán, ruso, inglés, portugués, italiano y español del libro Gramática de la fantasía, de Gianni Rodari.

Gianni Rodari: La magia de la fábula infantil

En un momento en el que los cuentos clásicos se reformulan por cuestiones de género, es importante ver como el maestro Gianni Rodari ya los transformaba. Gramática de la Fantasía: un camino para padres, pedagogos, escritores y muchos más.

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l brillante maestro del cuento italiano, Gianni Rodari, nació en 1920 en la localidad piamontesa de Omegna. Su madre era obrera y su padre, que murió cuando Gianni contaba solamente con 9 años, panadero. Tuvo una infancia dura y tuvo que pagarse sus estudios como periodista a base de trabajar como maestro. Incluso dio clases particulares a inmigrantes alemanes que habían huido de los nazis. A pesar de todo, Gianni nunca recordó su niñez con dramatismo.

Gramática de la Fantasía está dirigida a quien “cree en la necesidad de que la imaginación tenga su lugar dentro de la educación, a quien tiene fe en la creatividad infantil, a quien sabe del valor liberador de la palabra”

Todo lo contrario: desde su vitalidad y optimismo, convirtió a los niños y niñas en sus interlocutores más directos y en algo más que consumidores de cultura: en productores de creatividad. Viajó por las escuelas de diferentes ciudades y de diversas clases sociales, donde explicaba sus originales relatos y observaba las reacciones de los pequeños como paso previo para modificar sus escritos.

Así empezó a anotar los trucos que descubría, o que creía descubrir, para poner en marcha imágenes y palabras. Las ideas refrescantes y espontáneas de Rodari se convirtieron en el ideario de los grupos de renovación educativa. De hecho, él mismo actuó como pedagogo y, de un encuentro en Reggio Emilia con una cincuentena de profesores más nació, hace más de cuarenta años, Gramática de la Fantasía, dirigida a quien “cree en la necesidad de que la imaginación tenga su lugar dentro de la educación, a quien tiene fe en la creatividad infantil, a quien sabe del valor liberador de la palabra”.

Ganadora del premio Andersen, el máximo reconocimiento para autores de literatura infantil, Gramática de la fantasía desvela la magia de la fábula y su capacidad para revolucionarlo todo. Como en estos momentos el lector ya debe imaginar, no se trata de un libro de cuentos. Es cierto que aparecen Caperucita, el lobo y otros personajes propios de Rodari, como el hombrecito de vidrio, Piano-Bill y la silla que corría para coger el tranvía. Pero lo hacen acompañados de evocaciones a Novalis, Vladimir Propp, a Italo Calvino, a Piaget y a Wittgenstein. Por tanto, los pequeños héroes infantiles aparecen en las páginas del libro no como protagonistas, sino como objeto de reflexión.

¿Cómo se inventan las historias? Hay multitud de operaciones, algunas tan sencillas y a la vez tan ricas como el nombrado binomio fantástico: “Hace falta una cierta distancia entre dos palabras, es necesario que una sea suficientemente extraña a la otra, y su acercamiento discretamente insólito, porque la imaginación se vea obligada a ponerse en marcha para instituir un parentesco entre ellas, para construir un conjunto (fantástico) en que los dos elementos extraños puedan convivir”. Pero también se puede optar por disociar las palabras y acercar una a nuevos objetos. Así, por ejemplo, se puede coger la figura de un sofá y describirlo con los términos que utilizaría aquél que jamás hubiera visto uno.

Rodari nos invita a visitar la oficina de su imaginación y, nada celoso, nos revela la materia prima y los procedimientos de fabricación de los que se sirve. Y lo hace a través de su claridad léxica, su inteligencia, su capacidad para hacer reír al lector y concienciarlo de que él también puede crear la más genial de las fábulas.

Otra técnica, para niños más avezados en el mundo de la ciencia, es la de las hipótesis fantásticas: ¿Qué pasaría si…? “Y aquí todo resulta lógico y humano, se carga de significados abiertos a diferentes interpretaciones. Por ejemplo, ¿qué pasaría si un cocodrilo llamara a la puerta pidiéndote un brote de romero?”.

La importancia del desarrollo de la creatividad y de la fantasía para la formación del niño. La gracia está en observarlo todo con ironía

De un lapsus también puede nacer una historia: escribimos en ordenador, por error Lapeonia en lugar de Laponia. Acabamos de dar origen a una nueva tierra perfumada y primaveral que podemos explorar como turistas de la fantasía. Y, naturalmente, se pueden empastar los cuentos tradicionales: Caperucita, en lugar de encontrarse con el lobo, se encuentra con el Gato con Botas. O, incluso, puede modernizarse el relato y dar lugar a una bonita historia en la que el lobo, mientras llama a la puerta de la casa de la abuelita, es sorprendido desde arriba por un helicóptero de la policía de carreteras. Y todo a partir de haber entregado a los niños cinco palabras, cuatro de las cuales hacían referencia a la niña vestida de rojo y solamente el helicóptero era el que rompía la serie.

Detrás de todas estás técnicas que nos presenta Rodari se descubre un hilo conductor que las orienta y las justifica: la importancia del desarrollo de la creatividad y de la fantasía para la formación del niño. Porque es jugando y soñando que el niño aprende y conoce la realidad que lo rodea cuando, además, no hacen falta ni dragones ni princesas para hacer volar la imaginación. Los cuentos pueden crecer ante la realidad más gris y la obviedad más cotidiana. La gracia está en observarlo todo con ironía.