Gandules’18: Cuerpos traslúcidos y otras vivencias paranormales

En la presente edición del ciclo de cine popularizado por el objeto que habilita el disfrute, las anheladas “Gandules” se programan tres películas cada semana del 7 al 23 de agosto en el CCCB, comprendidas bajo el rótulo “Cine iluminado: Magia, lisergia y ocultismo”.

Durante la canícula barcelonesa las temperaturas nocturnas acostumbran a dar una cierta tregua, especialmente si se acompañan de algún tipo de brisa, y así permiten disfrutar de la ciudad al aire libre. Imprimen un ritmo más pausado y placentero, para realizar actividades de ocio en un contexto que parece transformado. La pasión cinéfila es una de las más gratificantes, pocos los dudamos. De ahí las muchas ofertas que, entre julio y agosto, se ofrecen bajo la popular y siempre exitosa fórmula de cine “a la fresca”.

Sea en una plaza de barrio o en las paredes del castillo de Montjuic, pero también en museos como el Cosmocaixa, en el marco de un sugerente ciclo dedicado a la ciencia ficción a raíz de su exposición Robots. Los humanos y las máquinas o el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) que desde una perspectiva bien distinta -diríamos, prácticamente antitética y por tanto complementaria- se aproxima abismáticamente a la realidad de lo desconocido, siguiendo la inspiración de su actual muestra, titulada La luz negra. Tradiciones secretas en el arte desde los años cincuenta.

CINE ILUMINADO

En la presente edición del ciclo de cine popularizado por el objeto que habilita el disfrute, las anheladas “Gandules” (el tipo de silla veraniega que asegura un confort elevado, una nonchalance corporal que posibilita la concentración máxima en la proyección) se programan tres películas cada semana del 7 al 23 de agosto, comprendidas bajo el rótulo “Cine iluminado: Magia, lisergia y ocultismo”. Triada de fenómenos, o actividades que bordean el ámbito de lo paranormal, siendo habitualmente contrapuestas a la luz de la razón, y que visualmente deparan vivencias de alta intensidad emocional.

La mayoría de las películas del ciclo presentan un interés objetivable -la primera, por ejemplo, es un hito de la cinematografía- si bien también las hay para cinéfilos abiertos de mente, paladares a prueba de susto y amantes de las rarezas en general. Sin paliativos, en cualquier caso, nos atrevemos a recomendar la de apertura, el 7 de agosto –La carreta fantasma (Körkarlen) de Victor Sjöström, aparecida en 1921- lo cual, además, permitirá al espectador familiarizarse con la programación toda.

 

Por ser previa a la sonorización del cine -acometida por vez primera seis años después, en El cantor de jazz– la película de Victor Sjöström se solía acompañar de música en directo, lo cual se mantiene en esta ocasión como un elemento especialmente reseñable. La actuación será a cargo del grupo Obsidian Kindgom, que en palabras de los organizadores es una “banda barcelonesa internacionalmente reconocida dentro de la escena del metal, el drone y la música industrial y avantgarde. Su sonido inmersivo, experimental y contundente se compenetra a la perfección con el espíritu mágico y fantasmagórico de un gran clásico como La carreta fantasma”. Una verdadera sesión de “cine-concierto”, que permitirá descubrir una película de referencia, basada en una leyenda sueca, según la cual el último pecador del año se ve castigado con la tarea de conducir la carreta que recoge a los fallecidos durante el siguiente año. Trama tremebunda para la mentalidad posromántica, cinematográficamente realizada de un modo todavía más insólito -por novedoso, al menos con ese grado de sofisticación- como es la técnica de la doble exposición.

“El ciclo supone una ocasión para descubrir películas poco accesibles y entrar en el núcleo duro de lo heterodoxo a partir de creadores que, en efecto, se alejan de las corrientes más transitadas”

DOBLE EXPOSICIÓN

Como producto de la magia, la yuxtaposición de fotogramas simultanea la presencia de cuerpos, entonces traslucidos. Una técnica que hubo de suscitar asombro, en la medida que permite que convivan los vivos y los muertos en la realidad de aquella ficción. Fenómeno que reencontraremos con tintes no menos siniestros diez años después, en la maravillosamente inquietante Vampyr (1931) de Carl Theodor Dreyer; concretamente, en el episodio del desdoblamiento/ensoñación del protagonista que desfallece y se cree muerto, llegando a asistir a (la visión de) su propio funeral.

No nos cansaremos de señalar cómo de fundamental para la historia del cine es el género que hoy conocemos como Terror. Un género enraizado en las inquietudes de la mentalidad romántica tardía, que descubrió en la técnica de las imágenes en movimiento la posibilidad de visualizar lo invisible, y que se perpetúa bien entrado el siglo XX. El cine otorga realidad a la sombra, al reverso de la luz, lo cual abre una infinidad de posibilidades narrativas, que pueden abordar aquellos miedos atávicos, apenas verbalizables discursivamente por el ser humano.

PELÍCULAS DESTACADAS

Otras películas del ciclo tratan aquella dialéctica de la visión a partir de tramas en ocasiones deliberadamente inconexas. Por ejemplo, reflejando estados de conciencia alterada, en la incómoda Arrebato (1979) de Iván Zulueta, en que se abre la posibilidad de una o varias realidades paralelas. Realidades susceptibles de ser descubiertas por una ciencia ocultista, y que pueden ser tan terroríficas como las plasmadas en La noche del demonio (1957), de Jacques Tourneur. También se ilustra el misterioso fenómeno de la iluminación espiritual en El hombre de mimbre (1973), de Robert Hardy, o la influencia de la magia sobre los instintos eróticos en The Love Witch (2016) de Anna Biller.

 

La última película programada -y más recientemente aparecida- es a todas luces paródica, afectada por un look setentero que habilita la doble lectura: “una película viperina y exquisita que reivindica la figura de la bruja desde la perspectiva feminista y que proyecta cuestiones candentes en torno a la toxicidad del mito del amor romántico”, explican los organizadores. Se cierra el círculo con esta burlona relectura de una cuestión que, de hecho, Dreyer planteó muy seriamente en Dies irae (1943) mediante el empleo de la estética vinculada al periodo que había potenciado la creencia en la sublimación amorosa, lo cual señala de forma dramática la brecha entre el anhelo y las consecuencias de su imposible realización, tan recordadas por el psicoanálisis.

EL OTRO LADO DE LA CONCIENCIA

Los mecanismos que llevan a acoger lo poco, o nada razonable, son múltiples y evolucionan epocalmente, igual que la necesidad de abrazar creencias que aparentan conciliar emociones y razón. Hélas, los estudios -muy racionales ellos- demuestran lo que Nietzsche intuía en un contexto cercano al de la creación de La carreta fantasma: pocas veces las conductas -o, si quiera los discursos, había predicho Hobbes- se apoyan en argumentos racionales, siendo movidos los individuos por una voluntad que tiende a escapárseles. Más que pertinente, así, la excursión cinéfila por el otro lado de la conciencia, que inconscientemente empuja a actuar o padecer. Si no para quedarnos en el mundo paralelo de la ficción, sí para disfrutar o abominar desde una prudente -y confortable- distancia-de las posibilidades inherentes al viaje.

El periplo que propone el CCCB no pretende ser exhaustivo, ni se centra cómodamente en los grandes nombres, como por otra parte es habitual. Gandules’18 supone, por tanto, una nueva ocasión para descubrir películas poco accesibles y entrar en el núcleo duro de lo heterodoxo a partir de creadores que, en efecto, se alejan de las corrientes más transitadas.

Imagen destacada: Fotograma de La carreta fantasma