Colette The NBP
Colette en la imauguración de su salón de belleza, 1932. Cortesía: Archivos de la CSU / Colección Everett / Alamy Stock Photo

El libertinaje de Colette: un espíritu libre de toda constricción

Escritora, de negra literaria a presidir la Academia Goncourt. Actriz de teatro y bailarina. Guionista y directora de cine. Bisexual, atea y promiscua. Periodista de guerra y crítica musical. Icono de estilo y de opiniones conflictivas. Diseñadora de producto. Colette, la autora francesa con más longsellers a día de hoy, resumía así su vida: “El amor fue el pan de mi vida y de mi pluma”.
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l 3 de agosto de 1954 moría Sidonie-Gabrielle Colette, conocida internacionalmente por su novela Gigi, llevada al cine poco después por Vincente Minnelli en 1958. Un filme que no le permitió, como tanto le gustaba a ella, bendecir y condenar. Dos verbos cruciales. Colette, la única mujer miembro de la Legión de Honor francesa, no tuvo derecho a un funeral religioso en una Francia profundamente católica por su condición de atea y por haberse divorciado dos veces, aparte de su vida moralmente escandalosa en aquella época. Ahora bien, parafraseando a Bob Dylan, los tiempos estaban cambiando en el país galo y la República Francesa organizó un funeral de Estado para ella. Fue la primera vez que esta ceremonia tenía lugar para honrar una mujer. Hoy, permanece en el cementerio de Père-Lachaise.

Colette es, admirando su trayectoria, uno de los iconos que no necesitan el sentimiento reivindicativo político, sino sólo fijarse en cómo abrió el camino para que las mujeres vivamos libremente, en el más amplio sentido de la palabra libertad, sin ser objetos sino sujetos. Queda mucho camino por recorrer pero la trayectoria de Colette es inspiradora y cautivadora.

Coco Chanel, Sylvia Plath, Montserrat Roig, Virgina Woolf, Lee Miller, Frida Kahlo, Clara Campoamor, Marie Curie, Rigoberta Menchú, Madonna, Maria Mercè Marçal, Lady Gaga, Victoria Kent, María Luz Morales, Alexandria Ocasio-Cortez y muchas otras. En palabras de una más, la gran Simone de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”. Siglos y décadas arriba y abajo -y bienvenidas las discrepancias-, el 8 de marzo celebramos un día que, personalmente, pienso que no tiene razón de ser. Cada día somos mujeres, cada día luchamos por nuestros derechos, pero, de nuevo, ante las circunstancias políticas que nos asaltan, es necesario que salgamos a la calle siendo quienes somos y reivindicando una igualdad muy necesaria que no dejaremos atrás. No es no.

Colette no se declaraba feminista. De hecho, cuando en 1910 un periodista le preguntó por este asunto, ella dijo, con su habitual cinismo: “¿Feminista yo? ¿Usted bromea? “.

2019: Colette es, admirando su trayectoria, uno de los iconos que no necesitan el sentimiento reivindicativo político, sino sólo fijarse en como abrió el camino para que las mujeres vivamos libremente, en el más amplio sentido de la palabra libertad, sin ser objetos sino sujetos. Queda mucho camino por recorrer pero la trayectoria de Colette es inspiradora y cautivadora.

Hija de una madre librepensadora, atea y literata, fue a la escuela pública, alejada de las sotanas.

 

Su larguísima trenza pelirroja, que le llegaba a los tobillos, y su talante provinciano sin tabúes aterrizaron en París de la mano de su primer marido, Henry Gauthier-Villars, conocido en las esferas burguesas como Willy. Adúltero compulsivo, vividor y tirano, se movía en los círculos de la intelectualidad y la lujuria de la capital francesa de finales del XIX a base de explotar profesores sin un centavo que escribían para él textos eruditos que se atribuía a base de unos pocos céntimos y de atemorizar a quien confesara la verdad.

CAUTIVERIO LITERARIO

Colette, la chica amante de la naturaleza y carácter desafiante, no lo sabía, pero al convertirse en su esposa sufrió esta situación de nulidad literaria en propia carne. “Willy le confía responder su correspondencia y, a posteriori, críticas de teatro y musicales para el quotidien La Cocarde. Sin embargo, lo que nunca le pasó por la cabeza es que estaba sembrando su propio veneno. Cuando un día, poco más de un año después, instó a su mujer a escribir sus recuerdos de la escuela primaria, pidiéndole incluir detalles picantes, Sidonie-Gabrielle avistó un antes y un después “, explica Justine Ferrer, crítica literaria de Le Monde.

Malos tratos, persecuciones por la casa de campo donde Colette pasaba buena parte de su tiempo (un respiro atragantado, así podríamos describir aquella finca), encerrada casi días enteros en una habitación en ayuno y sin poder ir al baño fueron la tortura impuesta por Willy

Claudine à l’école es la primera entrega de una saga de diferentes volúmenes (hay voces que dicen que algunos fueron destruidos por ella misma cuando se dio cuenta de que era una escritora singular) que se convirtió en un furor literario.

En un momento de desesperación económica, Willy, que durante años guardó en un cajón estos manuscritos, los recuperó, añadió un editing que sólo consiste en pinceladas de erotismo abracadabrante, y publicó el primer relato, Claudine à l’école. Locura. En 1907 ya se habían vendido medio millón de ejemplares. Malos tratos, persecuciones por la casa de campo donde Colette pasaba buena parte de su tiempo (un respiro atragantado, así podríamos describir aquella finca), encerrada casi días enteros en una habitación en ayuno y sin poder ir al baño fueron la tortura impuesta por Willy para conseguir sus frutos: otorgarse la autoría de estos libros y, al publicar uno cada poco tiempo, continuar con su vida de desenfreno económico y sexual.

De aquella barbarie y durante una estancia en Monts-Boucons, Colette decidió dejar de escribir sólo las historias de Claudine y comenzó con el ensayo en tono biográfico: “Me levanté vagamente con un deber: escribir algo diferente (. ..) Me di cuenta del placer, no agudo, sino honorable, por no hablar de amor, al desplazar mi pluma”. Desde entonces comenzó a publicar asiduamente todo tipo de literatura.

En aquel momento ya había conseguido firmar algunas piezas como Colette Willy, pero no sería hasta muchos años después, ya divorciada, que luchó legalmente para recuperar la autoría de sus libros, demostrando a través de los pocos cambios y anotaciones (sólo centrados en acentuar la parte morbosa del relato) que él había hecho respecto de los cuadernos originales.

DANZA Y EROTISMO

Fue precisamente en París y en las soirées a las que asistía con Willy donde comenzó a descubrir su bisexualidad. Después de un triángulo amoroso con una rica americana, tomó conciencia de que a su marido no le importaban sus infidelidades si eran femeninas, sólo le importaban si eran con hombres. Tanto es así que poco después conoció a Mathilde de Morny, conocida como Missy, una aristócrata lesbiana, travestida y ex-drogadicta con la que pasaron tiempo los tres en múltiples ocasiones y sin ningún otro encuentro sexual que el de ellas dos.

Durante aquellos años, Colette había empezado a recibir clases de pantomima y retomó la danza. Es más, decidió dedicarse profesionalmente al teatro, que en aquella época era como dedicarse a la prostitución. “De ahí que algunos la llamen cabaretera, pero en el fondo era una increíble bailarina y coreógrafa con auténticas genialidades dadaístas, que la llevarían a trabar amistad con maestros de otros estilos, como Debussy y Ravel, entre otros”, nos expone Claire Van de Velde, coreógrafa de danza contemporánea de origen belga y establecida en Bayerout.

Su espectáculo, titulado Sueño de Egipto, en el que Missy simula un arqueólogo y ella una momia que se va quitando el vendaje, causó mucho revuelo el día de su estreno en el Moulin Rouge. Gritos, lanzamiento de objetos, insultos… Después de la segunda sesión, al día siguiente, el espectáculo fue prohibido por el prefecto Lépine por su contenido “lascivo”.

Nada la detendría: durante años viajó por Europa de sala en sala con diferentes obras sumamente innovadoras y en las que el desnudo femenino era prácticamente el leitmotiv.

PERIODISTA VORAZ

Su vida amorosa fue tan pirotécnica y convulsa que, como han dicho muchos periodistas, sus biografías se leen como si fueran novelas. Después de Missy y otros y otras amantes, Colette se casó con Henry de Jouvenel, redactor jefe del diario Le Matin. Fruto de este matrimonio nació su única hija, también llamada Colette. Su maternidad no impidió que tuviera un affair con el hijo de su marido, 23 años más joven que ella. Al enterarse Henry, pidió el divorcio.

De Le Matin pasa a escribir para Le Figaro, L’éclair y Bertrand. Poco después se casa con Maurice Goudeket, un judío al que, una vez detenido por la Gestapo, Colette salvó de las garras de los nazis gracias a sus amistades políticas.

Tanto la fascinaba el periodismo en todos sus géneros que fue reportera de guerra durante el desembarco de Normandía, como muestran las fotografías que le hizo otra periodista y fotógrafa, la gran Lee Miller, para Vogue.

“Colette decía que el único motivo por el que no le molestaba estar a régimen era para ponerse un Chanel. Tenían ideologías muy diferentes, pero fueron mujeres que llevaban pantalones, el pelo corto y que impusieron el estilo chic-confortable, que Coco popularizó y se convirtió en una auténtica revolución en la indumentaria femenina de la época “, explica Pilar Pasamontes

LOS PANTALONES Y CHANEL

“Colette creó lo que podríamos llamar la adolescente moderna de la época. De hecho, fue quien arrastró Coco Chanel al Moulin Rouge. Hay muchas leyendas al respecto, como la que dice que Chanel aparecía reflejada en algunos de los personajes literarios de Sidonie-Gabrielle, pero nada está bien documentado. Ahora bien, hay un hecho que sí es cierto. Colette decía que el único motivo por el que no le molestaba estar a régimen era para ponerse un Chanel. Tenían ideologías muy diferentes, pero fueron mujeres que llevaban pantalones, el pelo corto y que impusieron el estilo chic-confortable, que Coco popularizó y se convirtió en una auténtica revolución en la indumentaria femenina de la época “, explica Pilar Pasamontes, directora científica del Istituto Europeo di Design en Barcelona y experta en Coco Chanel.

Es más, Colette abrió en los años cuarenta en la rue de Miromesnil de París un centro de productos de belleza. Esta tentativa, sin embargo, no tuvo ningún éxito. Su estética minimalista y poco convencional no era la que las parisinas, fascinadas por el New Look de Dior, buscaban entonces.

Nominada al Nobel de Literatura en 1948 poco antes de su muerte y durante años presidenta de la Academia Goncourt, Colette es todavía hoy un ejemplo de lo que por naturaleza la mujer es: un ser vivo, en todos los sentidos.

Del mismo modo que la película Coco avant Chanel, protagonizada por Audrey Tautou, nos ofrece una mirada muy niquelada sobre una mujer que no sólo amó a Capel, sino que, con una mente muy estratégica y, muchas veces, por el simple disfrute (como debe ser), tuvo múltiples amantes, la película Colette, estrenada el año pasado, con Keira Knightley y Dominic West, es también una mirada demasiado descafeinada de la escritora y artista. Parece que los iconos no pueden ser mostrados tal como eran cuando aparecen en la gran pantalla, como en el caso de Yves Saint Laurent, Chanel e, incluso, Freddie Mercury, entre otros.

 

Nominada al Nobel de Literatura en 1948 poco antes de su muerte y durante años presidenta de la Academia Goncourt, Colette es todavía hoy un ejemplo de lo que por naturaleza la mujer es: un ser vivo, en todos los sentidos.

Recordemosla hoy, recordamosla cada día y disfrutemos de su arte, porque como dijo Montserrat Roig: “No te mueres tanto si sabes leer. Compartes, en silencio, las palabras del escritor, que es pasado, con tu presente y que pronto será futuro para comprender mejor el mundo “.