El imparable huracán: Alexandria Ocasio-Cortez (I)

El personaje de Barack Obama estaba tan bien construído que es posible que muchos republicanos recalcitrantes fuesen fans suyos en secreto. Para ganar en EEUU tienes que vender y Alexandria Ocasio-Cortez lo sabe como lo supo Obama en su momento. Es más, su marca, AOC, ya está en el mercado.

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os creadores de la figura de Barack Obama fueron David Axelrod, Robert Gibbs y David Plouffe –director de campaña, director de comunicación y director de estrategia respectivamente- con una maniobra que ya se estudia en las escuelas de marketing a nivel internacional. De hecho, la revista Forbes nombró dos veces a este equipo como la “empresa más innovadora del mundo”, gracias a su poder de recaudación, tanto de dinero como de seguidores, partiendo de un presupuesto irrisorio en comparación al de sus rivales.

Axelrod fue el primero en ver el potencial de aquel joven afroamericano que de senador por el condado de Illinois pasaría a ser inquilino de la Casa Blanca en tres años. La campaña aprovechó lo que por aquel entonces todavía se conocían como “nuevas tecnologías” para darse a conocer, pero antes hubo todo un proceso de preparación del Obama que se iba a postular. La escritura de un guión que estructuraría su personalidad, como si del protagonista de una serie de televisión al estilo de El lado oeste de la Casa Blanca se tratase.

Su historia vital no dejaba de ser una representación del gran sueño americano, sólo había que aliñarla un poco. Hijo de padres divorciados de clase media que llegó a la universidad pero que no se olvidó de dónde venía. Se hizo más hincapié en su papel como activista de las comunidades de los barrios marginales de Chicago que en su título en Ciencias Políticas por la Universidad de Columbia y en Derecho por la ilustre Harvard Law School.

No era una persona la que llegaba a la presidencia: era el representante de un pueblo que rechazaba a las clases dominantes

El lenguaje pasó del “yo” al plural mayestático “nosotros”. No era una persona la que llegaba a la presidencia: era el representante de un pueblo que rechazaba a las clases dominantes. Su lema ‘Yes, We Can’ (“Sí, podemos” en castellano) se convirtió en toda una declaración de intenciones que se elevó como un eslogan tan poderoso como el ‘Just Do It’ de Nike. La marca Obama.

Y sí, ahí estaba toda la fuerza de Internet para ayudarle. Claire Cain Miller escribió en The New York Times cuando comenzó ese fenómeno comunicativo que “una de las muchas formas en que la elección de Barack Obama como presidente se ha hecho eco de la de John F. Kennedy es en su uso de un nuevo medio que cambiará la política para siempre. Para el señor Kennedy, fue la televisión. Para el señor Obama, es internet”.

Vídeos y mensajes en Youtube, Facebook, Myspace, su propia página web en la que interaccionaba con los usuarios, newsletters… Obama estaba en todas partes, prometía un cambio, justicia, esperanza. Y encima, era simpático, caía bien, hacía reír.

Hasta cuando ya era presidente de los Estados Unidos sus apariciones en programas televisivos como el show de Jimmy Fallon provocaron carcajadas. Sus visitas a lugares públicos para mantener el favor de los votantes eran una fiesta. Y su último discurso en la cena de corresponsales de la Casa Blanca fue un stand-up hilarante con bromas como ‘Orange Is Not The New Black’ (un juego de palabras con el título de una serie y el color de piel de Trump) y un ‘mic-drop’ como cierre de su discurso y de su legislatura.

 

Los Demócratas lo intentaron pero no lo consiguieron con su sucesora en el partido, Hillary Clinton -siempre tiesa, como la retratan en un impagable sketch de Saturday Night Live-, a la que un delirio como Donald Trump ganó en las urnas contra todo pronóstico. Más allá de escándalos de manipulación de votos y otros tejemanejes, ese millonario desatado consiguió captar a una masa de votantes desencantados con un discurso que también apelaba al pueblo. ‘Make America Great Again’ fue su ‘Yes We Can’ y funcionó.

Pero de pronto ha aparecido una joven nacida en el Bronx y de ascendencia portorriqueña que tiene todo lo necesario para convertirse en la primera mujer al cargo de la presidencia de Estados Unidos si se lo propone. Porque en su país, el germen del capitalismo, para ganar tienes que vender y Alexandria Ocasio-Cortez lo sabe como lo supo Obama en su momento. Y su marca, AOC, ya está en el mercado.

Ocasio-Cortez fue becaria del senador Ted Kennedy, en la oficina de inmigración y su currículum acumula una larga lista de logros

La construcción de su personaje en cuanto a historia vital sigue las mismas pautas que las de Obama. Se potencian sus raíces y a las dificultades económicas que consiguió vencer hasta llegar a ser la congresista más joven de Estados Unidos, con solo 29 años. Y se difumina que su familia se mudó del Bronx a Westchester, donde recibió una buena educación que le permitió licenciarse Cum Laude en la universidad de Boston. También fue becaria del senador Ted Kennedy, en la oficina de inmigración y su currículum acumula una larga lista de logros.

El relato de su biografía vuelve a iluminarse con su regreso al barrio después de la muerte de su padre. Ocasio-Cortez se convirtió en un miembro activo de la comunidad, montó una editorial infantil, ejerció como educadora en la ONG National Hispanic Institute y participó en la carrera presidencial de Bernie Sanders en 2016. Y además, trabajaba en la taquería neoyorquina Flats Six cuando decidió empezar su carrera política, también con un nimio presupuesto.

Ese último dato es demasiado jugoso como para no sacarle partido. Tanto por su parte, como por la de los medios que no pueden resistirse a titulares como “De camarera a Congresista” o incluso de los Republicanos. Un ejemplo es el del comentarista político conservador Anthony Brian Logan, que la acusa en uno de sus vídeos de Youtube de presentarse al estilo “Jenny From The Block” cuando en realidad, según su punto de vista, es una privilegiada. Todo depende desde dónde y cómo se mire, pero ella gana terreno con cada titular, cada tuit, cada post de Instagram mientras el resto del mundo se pregunta por qué. Obama lo sabe bien, como un buen maestro al que le ha superado su alumna.