Ilustración de Ignasi Monreal

El boom de la ilustración catalana

Tras años de verse relegada sólo a la literatura y la moda infantil, la divulgación médica y tecnológica o el mundo del cómic, la ilustración vive, gracias a las redes sociales, un auténtico boom: desde libros de culto hasta la alta costura, de las paredes de galerías y hoteles a la cabecera de nuestra cama. El estilo catalán tiene, además, una huella propia y reconocida: dibujos vívidos, mediterráneos, intelectuales y con la dosis justa de humor.

Hasta hace poco, al igual que ocurría con las Matemáticas (una de las carreras con más demanda durante las pasadas pruebas de acceso a la Universidad), las Bellas Artes se consideraban estudios sin futuro, con la docencia y el mundo editorial como salidas profesionales. Precisamente, las editoriales optaban por el dibujo prácticamente sólo en obras infantiles o juveniles y, en todo caso, cuando no había presupuesto para pagar un fotógrafo. La llegada de los bancos de imágenes facilitó el uso de instantáneas fotográficas a bajo coste, pero conllevaba y sigue suponiendo un riesgo: que la competencia –otra casa editorial– escoja la misma imagen. No es tan desaforado, ya que de muchas temáticas, como puede ser el yoga o, incluso, la hora del vermú, la oferta de Getty o Thinkstock es más propia del fotoperiodismo o, en el mentado caso del vermú, tanto en boga, no hay más de un centenar de imágenes entre las que elegir.

Sin embargo, gracias a Instagram los ilustradores han encontrado un vehículo, y de tracción y velocidad envidiable, para difundir y promocionar sus creaciones.

Lara Costafreda

Haciendo números, cinco años atrás todavía era más caro encargar a un fotógrafo una imagen exclusiva para una cubierta o un reportaje de moda que a un ilustrador, de ahí que el dibujo viva ahora una época dorada en todos los niveles y no sólo en la lectura para los pequeños de la casa, expone la Accademia di Belle Arti de Bolonya (ABABO), precisamente la ciudad que acoge anualmente la mayor feria mundial del libro infantil.

Hoy en día, la mayoría de editoriales independientes han hecho de la ilustración uno de sus sellos de identidad, en todos los géneros y para todos los públicos.

“Las nuevas tecnologías ofrecen un espacio de interconexiones globales donde dar a conocer nuestro trabajo y encontrar clientes y/o consumidores en cualquier rincón del mundo”, nos explica Lara Costafreda (Llardecans, 1988), que cursó Diseño de Moda en la escuela BAU y hoy trabaja para las principales cabeceras de moda a la vez que realiza colecciones de ropa para el hogar y llena con su onírico mundo vegetal los muros de hoteles

La moda ha ido, curiosamente en este caso, a remolque, apostando únicamente por la ilustración cuando las redes sociales han ensalzado su valía y rentabilidad. Claro ejemplo es el del barcelonés Ignasi Monreal (Barcelona, 1990), autor de gran parte de la publicidad de la firma Gucci, así como de diferentes estampados de piezas de la marca que rondan un mínimo de 250 euros.

Manuel Moranta en un Pechacucha

Las nuevas tecnologías, las tabletas, la impresión 3D y, sobre todo, la democratización de internet, han hecho que el dibujo mantenga el espíritu artesanal, pero que sea todo un negocio al alza. “Las nuevas tecnologías ofrecen un espacio de interconexiones globales donde dar a conocer nuestro trabajo y encontrar clientes y/o consumidores en cualquier rincón del mundo”, nos explica Lara Costafreda (Llardecans, 1988), que cursó Diseño de Moda en la escuela BAU y hoy trabaja para las principales cabeceras de moda a la vez que realiza colecciones de ropa para el hogar y llena con su onírico mundo vegetal los muros de hoteles, como el Motel One de Barcelona, junto a la Ciutadella. Lara suspendió dibujo en tercero de carrera. Pasó un verano perfeccionando la técnica. “El dibujo es el resultado del movimiento de la mano. Por muchas imágenes que tengas en la cabeza, es imposible dibujarlas si la mano no sigue el ritmo necesario”. Al licenciarse, se marchó a Brasil, donde profundizó en las técnicas de retoque, collage… Al volver a Barcelona, hizo dibujos de Semanas de la Moda y los enviaba a revistas de todo el mundo. “No fue flor de un día. Pasaron como dos años antes de que me hicieran un encargo desde Marie Claire México, expone. Después vendrían las colaboraciones con Carolina Herrera, Vogue, Harper’s Bazaar, Chanel y Hermès, entre otros.

Bet Moret

Una de las grandes firmas de la ilustración catalana es Paula Bonet (Villarreal, 1980), con más de 45.000 copias vendidas de libros como Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End o 813, dedicado a la vida y obra del cineasta François Truffaut. Aparte, Bonet ha hecho un nicho de mercado a través del merchandising de su obra y, como Costafreda, imparte diferentes workshops en todo el mundo.

Manuel Moranta, que estudió Derecho pero se dedica hoy a la Publicidad y a la docencia en la escuela IDEP, también ha visto como el dibujo era una herramienta clave de expresión: “Lo que diferencia a los humanos de los animales o de las máquinas es que comprendemos las bromas, las mentiras y los caprichos. Creo que este mundo de sutilezas humanas expresan mejor a través del gesto de la mano”. Sus dibujo-frases apelan al lector, algo que también es sello de identidad de la ilustración catalana, al igual que el trazo limpio, “a mano alzada, sin margen de error, simple y seguido. Transmite belleza, actitud, estilo”, explica Bet Moret, quien junto al diseño gráfico, ha encontrado en la ilustración su vehículo profesional.

Las cifras en ‘k’ en Instagram parecen indicar que, más que de un boom o una moda pasajera, hablamos de una nueva hornada de neo-artesanos que, gracias a la tecnología y al talante freelance, han convertido un oficio en más que una profesión, ya que sus obras no sólo se exponen en galerías, sino que son ya, y serán al menos durante algunas generaciones, parte del imaginario colectivo catalán.