El Barça, más que un escudo

El FC Barcelona mantiene un escudo suficientemente amplio en muchos sentidos para acoger entre sus franjas azul y grana y también entre las cuatro barras rojas de la ‘Senyera’ todo un conjunto de anhelos, reivindicaciones, valores y tradiciones que llevaron al club a decirse a sí mismo que era y es "més que un club"

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l FC Barcelona es de sus socios. Y también pertenece a los millones de aficionados de Cataluña y de todos los lugares del mundo que lo sienten como parte de sus alegrías y decepciones, de su entusiasmo y de sus frustraciones. A pequeña escala, esto ya era así antes de que el escudo que identifica el club tuviera la célebre forma de olla e incorporara todo una arquitectura simbólica que trasciende los límites de identidad de la ciudad de Barcelona y adoptara la Senyera –la bandera de Cataluña- y más claramente la Cruz de Sant Jordi con la voluntad de adherirse a la más amplia catalanidad. Un escudo suficientemente amplio en muchos sentidos para acoger entre sus franjas azulgrana y también entre las cuatro barras rojas catalanas todo un conjunto de anhelos, reivindicaciones, valores y tradiciones que llevaron al club a decirse a sí mismo que era y es “més que un club“. Y como cantaban aquellos, “tu ja m’entens” (tú ya me entiendes).

Ahora, este 2018, la Junta Directiva propondrá a la Asamblea de Compromisarios de este 20 de octubre una “actualización” -así lo especifica el comunicado de la Junta- de su escudo. Y ¿por qué no?

De 1898 a esta parte, el escudo del Barça ha experimentado al menos una decena de transformaciones, más grandes o más pequeñas, casi todas voluntarias y alguna de impuesta. Obviamente, la más drástica es la de los años 10 del siglo XX, en que nace verdaderamente este escudo del Barça, esta olla donde hierve todo un relato colectivo y que hasta hoy no ha variado en su esencia y entendemos que a ninguna Junta presente o futura se le ocurriría dañar. Lo que plantea la Junta actual es, como explican, “hacer frente a las nuevas necesidades digitales y de consumo de contenidos” y, para ello, el equipo de branding que ha trabajado en la idea propone: la “supresión de los contornos negros interiores”; la “supresión del acrónimo FCB”; dar “más visibilidad a los diferentes símbolos que conforman el escudo y se logra así más armonía (Barcelona, ​​Cataluña, Balón y Bandera Blaugrana)”; reducir “el número de franjas azulgrana” y pasar “de 7 a 5”, y de esta manera mejorar “el contraste” y conseguir “una percepción en conjunto más azulgrana”. Finalmente, la propuesta “realza la posición del balón, que pasa a ocupar una posición más central”. Bueno, este es el argumentario que defiende la actualización del escudo.

El escudo del Barça, el de los que somos socios y el de los aficionados, es el verdadero emblema de esta idea de ser “más que un club”. Y como socio, lo primero que me pregunto es si la actualización que propone la Junta daña esta función de emblema. La respuesta es: no. Yo nací con la versión de 1975, que tenía reestablecida la Senyera en toda su amplitud y había abandonado la franja blanca sobre la que descansaba el acrónimo: ya sabemos que a muchos culés nos asusta el blanco -en términos futbolísticos- y más incorporado al escudo o a la equipación oficial (¿recuerdan el susto de la franja blanca de las mangas del año 92-93 con el cambio de proveedor oficial de la vestimenta deportiva?). Tras la versión de 75 vino la del 2002: y bien. Y ahora tenemos una nueva propuesta.

¿Se nos hará extraño no ver el acrónimo en medio del escudo? Bueno, pues a lo mejor sí. ¿Estos y los demás elementos que se modifican vulneran, aunque sea mínimamente y de manera epidérmica, los valores de catalanidad, universalidad, compromiso social y democracia que abandera el club? Bueno, pues no. ¿Lo aleja de la masa social, verdadero propietario del club (afortunadamente)? No. Por lo tanto, ¿un cambio para integrar mejor el emblema del club a los nuevos canales de difusión? Venga, pues, a ello.

Es cierto que en los últimos años hemos visto como algunos de los clubes europeos de primera línea con los que el Barça mantiene un contexto de competencia no sólo deportiva redefinían sus escudos, algunos más delicadamente y otros a lo bruto. Del Atlético de Madrid al Manchester City y, como fin de trayecto, la Juventus de Turín. Ay, el caso de la Juventus: un vuelco tan drástico que reconozco que todavía no entiendo y que, de verdad, si fuera aficionado de la Juve me hubiera hecho enloquecer.