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5.000 m masculino - Final T54 - Juegos paralímpicos Río 2016. Estadio Olímpico. Por Leandro Neumann Ciuffo

El ADN más inconformista del deporte

Son deportistas de élite, pero no todo el mundo los percibe así. Los deportistas paralímpicos luchan por una normalización a la que se suma la iniciativa privada en la recta final hacia Tokio 2020
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os organizadores de Río de Janeiro 2016 se vieron obligados a recortar costes tanto en personal como en ciertas instalaciones en las que unos días antes se habían celebrado victorias y medallas. No había presupuesto suficiente. El Comité de los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro también cerró algunos de los centros de prensa haciendo que ni deportistas ni profesionales de la información pudieran trabajar como estaba previsto en la hoja de ruta inicial. No fue ésta, no obstante, la causa de que la delegación española pasara de las 42 medallas conseguidas en Londres 2012 a las 31 de la cita brasileña. Pero sí una alerta para el futuro del evento. Una cifra, la de las preseas conseguidas, engañosa puesto que se consiguieron más oros –nueve- que cuatro años atrás permitiendo a un equipo en el que la media de edad era de 31 años alzarse como el undécimo mejor país de la competición.

Las decisiones tomadas en Río de Janeiro, aunque lejanas, no son baladís. Tampoco las estadísticas de los deportistas españoles. A poco más de un año para Tokio 2020 muestran muchas de las dificultades con las que tienen que lidiar tanto comités como deportistas en el día a día de su preparación para los Juegos, pero también para cualquier gran competición. O incluso para competir en casa. No todas son de carácter económico. Las hay de logística o de material, pero también a nivel de estructuras de clubes o de normalización.

Los deportistas paralímpicos son deportistas de élite aunque pocas veces son considerados como tal y sí como discapacitados que practican deporte. Solo en casos mediáticos como el de Teresa Perales, por citar un ejemplo, adquieren cierta notoriedad aunque sea tan efímera y cíclica como la competición olímpica. Superación, inconformismo, valentía son solo algunos de los epítetos o valores que se asocian a estos héroes –otra palabra explotada en estos casos- que demuestran a millones de personas que las barreras son casi siempre más psicológicas que físicas. ¿El problema? Olvidarse de todo ello cuando los Juegos llegan a su fin. Desaparecen entonces del escaparate de una sociedad tan volátil como desmemoriada que consume historias y emociones a la velocidad del rayo.

ESTRUCTURA DE CLUB Y COMPETICIÓN

Empieza entonces un nuevo ciclo en el que muchos deportistas vuelven a la realidad de un día a día que no siempre resulta compatible con un entrenamiento y preparación de élite aun disponiendo de una de las becas ADOP que otorga el Comité Paralímpico Español. Le sucedió, nada más regresar de Río de Janeiro, a Israel Oliver. Doble campeón en 100 metros mariposa y 200 estilos, el nadador invidente tuvo serios problemas cuando decidió abandonar el Centro de Alto Rendimiento de Madrid para regresar a Canarias. No encontró club con el que federarse y entrenar, uno de los requisitos para tener acceso a las becas del Comité Olímpico. Nadie más logró regresar de Brasil con dos oros. No fueron suficientes.

Susana Rodríguez Gacio, por su parte, ha tenido que luchar más de una y de dos veces con organizadores de competiciones en su Galicia natal para poder participar en muchos de los triatlones que allí se celebran durante la temporada. Consideraban que su bicicleta tándem podía resultar peligrosa o poco adecuada para competir con el resto de participantes. Aun así, esta atleta con discapacidad visual logró ser quinta en Río 2016 en la modalidad de triatlón y más recientemente campeona del mundo de paratriatlón. Prepara ya Tokio 2020 como lo hacen Israel y tantos otros. Ellos son solo dos de los muchos deportistas paralímpicos que no siempre cuentan con el apoyo social e institucional para desarrollar su carrera deportiva. Especialmente a nivel local, que prefieren quedarse con el brillo de las medallas y no con las sombras del día a día. Aun así, Israel Oliver lleva años insistiendo y reclamando que él no hace una labor social, sino deporte de alta competición. Y, como él, la mayoría de sus compañeros.

VISIBILIDAD Y NORMALIZACIÓN

Tal vez el reto de todos sea precisamente ese. El de aceptar con total normalidad que se trata de deportistas de gran talento y no de discapacitados que practican deporte. El orden de los factores en este caso sí altera el producto final. Esa barrera mental de la sociedad es uno de los objetivos que persigue no solo superar sino también romper CaixaBank. La entidad financiera se comprometió recientemente como nuevo patrocinador del Comité Paralímpico Español hasta el año 2020 dentro del marco del Plan ADOP. No solo proporcionará los medios económicos precisos para que Israel, Susana y muchos otros deportistas puedan prepararse para Tokio 2020 a través de las becas ADOP, sino que también se involucrará en esa tan necesaria  tarea de normalización.

Son ejemplos de superación. Sí. Nadie duda de ello. Personas hechas de otra pasta, para seguir con los tópicos deportivos, pero sobre todo deportistas que persiguen un sueño olímpico. A través del proyecto 20 para los 20, CaixaBank iniciará un reto por cada uno de los 20 meses que faltan para la cita japonesa con el objetivo de elevar la percepción del deporte paralímpico y de sus protagonistas en la sociedad. “Los inconformistas del deporte” será el eje creativo con el que implicar a la sociedad y reconocer la labor no solo de los deportistas sino también de todos los que hacen que sea posible.

 

Visibilidad, reconocimiento y apoyo económico para que todo lo demás sea lo de menos para estos deportistas. “Nos permite colaborar con la formación de deportistas de élite al mismo tiempo que nos asocia con sus valores y nos ayuda a poner el foco en el deporte paralímpico”, comentó Jordi Gual, presidente de la entidad, en la presentación de un acuerdo que alarga la vinculación de CaixaBank con el deporte paralímpico tras su estrecha colaboración con las selecciones tanto femenina como masculina de baloncesto en silla de ruedas.

SIN UNA BASE SÓLIDA

Fomentar la colaboración público-privada es hoy en día fundamental no solo para garantizar la preparación de estos deportistas al más alto nivel, sino también para trabajar por el acceso al deporte inclusivo de inicio. La elevada media de edad de la expedición que compitió en Río 2016 y que se prepara para Tokio 2020 revela la lentitud con la que se renueva el deporte paralímpico. Eso se debe, en gran medida, a las complicaciones que se encuentran ya no los mejores sino los niños y niñas que de base quieren practicar deporte sin importar las posibles limitaciones físicas. Si a campeones olímpicos o mundiales les resulta complicado encontrar clubes o competiciones no es difícil imaginar los problemas que sufren los más pequeños o los deportistas en categorías intermedias o menos profesionalizadas. Ellos también necesitan apoyo y referentes en los que inspirarse para seguir entrenando y pensando que es posible.

Existen en España instituciones que trabajan para crear los pilares y las bases de los futuros campeones. Una de los más destacados es el CEDI, vinculado a la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Politécnica de Madrid. Su filosofía es tan clara como la de CaixaBank y la del Comité Paralímpico Español, aunque en el desarrollo de escuelas multideportivas y creación de equipos de deporte inclusivo también en clubes normalizados. Investigan e invierten en derribar las barreras y dificultades que envuelven a estos inconformistas del deporte desde mucho antes de que sueñen con subir a lo más alto del podio olímpico.

Todo suma en la visibilidad, pero sobre todo en la normalización de los deportistas paralímpicos. La investigación, la creación de estructuras de base y la inversión en las carreras deportivas de los mejores. Puede sonar a tópico, pero la sociedad gana y avanza hacia la plena madurez cada vez que un deportista paralímpico alcanza la meta y logra ser protagonista. También cada vez que un niño con cualquier tipo de discapacidad puede jugar, entrenar y competir en la disciplina que más les guste. Con pasión y sin más límites que su propio talento.

20 para los 20 CaixaBank juegos paralímpicos
Jordi Gual, presidente de CaixaBank, en el acto de presentación del patrocinio con el Comité Paralímpico Español junto a los deportistas paralímpicos. Imagen cedida por Caixabank