Un ecosistema de ‘start-ups’

Silicon Valley es jugar en la primera liga y la clave es el talento. Cosas como hacer un ‘brainstorming’ para discutir ideas locas sin límite a la imaginación puede significar tener en una mesa a gente brillante como, por ejemplo, cofundadores de Sun Microsystems, expertos de eBay o genios de Twitter

Debo confesar que la primera vez que viajé a Silicon Valley, hace diez años, no tenía ni idea de lo que era. No es una ciudad y su nombre ni siquiera aparece en los mapas. Abarca de Menlo Park a San José y actualmente incluye la ciudad de San Francisco. Es la sede de las mejores empresas tecnológicas del mundo como Facebook, Google, Twitter; el hogar de los inversores más potentes; y la cuna de miles de start-ups que aspiran a cambiar el mundo. Al pisar por primera vez Silicon Valley, algo cambió en mi vida. Fue una nueva perspectiva, una nueva manera de pensar, entender los negocios, relacionarme y crecer profesionalmente. Lo llamo “el Disney World del emprendedor” porque me recuerda a un parque temático, donde te dan un mapa en la entrada y puedes ver cada zona temática totalmente preparada para lograr que tus sueños se hagan realidad.

En Silicon Valley, en lugar de niños persiguiendo sus ilusiones, los protagonistas son los emprendedores. Tiene varias zonas temáticas: la zona de los inversores: los VC —venture capitals—, los inversores más importantes del mundo tienen la oficina en la calle Sunhill Road. Representa la mayor concentración de inversores del planeta y donde se cierran la mayor cantidad de operaciones de inversión. Otra zona es la del conocimiento, con la Universidad de Stanford como reina del baile. Ha sido fundamental en la creación de este ecosistema emprendedor. Siguiendo el mapa de Silicon Valley, la otra zona es la de los proveedores de servicios, donde operan abogados, mentores, consultores, aceleradoras e incubadoras de negocio, que se dedican a ayudar a equipos a validar y hacer crecer sus negocios proporcionándoles recursos, y muchas veces, dinero. La más conocida es Y Combinator. Todo es posible. Otra zona es la de las grandes empresas tecnológicas. Google está comprando una barbaridad de terrenos y espacios inmobiliarios de la zona, donde se pueden visitar corporaciones como Apple, Yahoo, Sales Force, Twitter, Facebook, las grandes empresas innovadoras. Empezaron como start-ups y con grandes ideas hasta convertirse en gigantes que alimentan y se alimentan de este ecosistema brutal. La mayoría de start-ups pretenden ser compradas por estos gigantes. Los garajes y los coworkings, donde se trabaja de forma abierta y colaborativa, alojan a las más de 30.000 start-ups que se crean en el Valle.

En San Francisco hay un barrio llamado Mission, debajo de Market Street. Es un barrio más pintoresco, lleno de hipsters, bueno yo diría que todo San Francisco y el Valle es hipster, pero tiene un aire especial y artístico. Como es más barato vivir allí es normal que se instalen tantas start-ups y emprendedores y hayan reconvertido un barrio que había sido más pobre y sigue siendo inseguro. Allí se crean unas 5.000 start-ups al año y mueren el 85% antes de los cinco años. La otra cara es que es el mercado más difícil del mundo, uno de los más caros, maduros y donde solo los mejores de los mejores ganan. Silicon Valley no sorprende por su belleza estética. Viniendo de Barcelona, donde la arquitectura y la histo ria te acompañan a cada paso, solo se ven zonas industriales, barrios residenciales apartados, y todo bastante desperdigado, sin personalidad. No es como el encanto de San Francisco, sobre todo cuando la niebla desdibuja sus puentes. Su belleza está en lo que esconden sus garajes, aulas universitarias, cafés y edificios de cristal. Gentes de todas partes del mundo vienen a formar parte del team USA y Silicon Valley los acoge, siempre que tengan talento, claro. Innovar y el futuro son la clave de un club selecto y secreto. Todo son incentivos para trabajar más y mejor, para merecer estar allí. Más pequeño de lo que pueda pensarse, es un club solo para quien esté bien conectado. El ingreso es muy difícil aunque hacer networking es fácil porque hay más de cien eventos cada día en los que puedes intentar buscar las conexiones adecuadas. La gente es muy abierta, te escuchará y ayudará, pero solo si tienes algo nuevo que aportar.

El día de mi llegada a Silicon Valley fui al despacho de Keiretsu Forum en San Francisco, situado en Market Street. Es un edificio alto de cristal en pleno barrio financiero. La gente iba en tejanos, informal, relajada, a pesar de estar moviendo negocios de millones de dó- lares. Yo vestía mucho más formal. Hace diez años en España no se estilaba tanto ir en camiseta y zapatillas a la oficina. Me puse a trabajar muy duro con los miembros del equipo para aprender los métodos y la estrategia inversora de los business angels, que son inversores privados que invierten su propio dinero en empresas a la espera de un retorno de la inversión, y poder adaptarla a la cultura y realidad española de entonces. El trabajo era más abierto, eficaz, focalizado y motivador. Hubiera currado gratis veinte horas al día solo por la recompensa de sentirme parte del equipo y del lugar. Esta forma de trabajar más abierta y transparente ya se está empezando a implantar en España, pero hace diez años no era así. Quedé tan impresionada por la pasión, el talento, la ambición y la fuerza, que decidí que un día yo viviría allí. Y así pasó cuando al cabo de pocos años me trasladé a vivir a San Francisco como vicepresidenta del grupo multinacional Scaale, con base en la ciudad de la niebla.

He adoptado sus horarios de trabajo, comida y ocio. Me parecen mucho más eficientes que los nuestros en España. De regreso, sigo mi horario americano. A las 7 u 8 ya estás activo y con un café en la mano, normalmente de Starbucks. Se come a las 12 del mediodía. En Silicon Valley puedes encontrar comida de todas partes del mundo, y a la gente parece gustarle mucho la comida mejicana, china, tailandesa e hindú, que no es la misma que encuentras en España. Se come en veinte minutos, y muchos, como yo, delante del ordenador: una ensalada, un bocadillo, algo de comida china o sushi en cajas de plástico transparente. A las cinco de la tarde ya todo el mundo está fuera del despacho, pero a menudo se sigue trabajando. La gente va al gimnasio, cena muy pronto, sobre las seis de la tarde y sigue conectado desde casa porque la conectividad es como una droga para todos los locos de Silicon Valley.

 

Un ecosistema de ‘start-ups’

Silicon Valley es jugar en la primera liga y la clave es el talento. Cosas como hacer un ‘brainstorming’ para discutir ideas locas sin límite a la imaginación puede significar tener en una mesa a gente brillante como, por ejemplo, cofundadores de Sun Microsystems, expertos de eBay o genios de Twitter

Debo confesar que la primera vez que viajé a Silicon Valley, hace diez años, no tenía ni idea de lo que era. No es una ciudad y su nombre ni siquiera aparece en los mapas. Abarca de Menlo Park a San José y actualmente incluye la ciudad de San Francisco. Es la sede de las mejores empresas tecnológicas del mundo como Facebook, Google, Twitter; el hogar de los inversores más potentes; y la cuna de miles de start-ups que aspiran a cambiar el mundo. Al pisar por primera vez Silicon Valley, algo cambió en mi vida. Fue una nueva perspectiva, una nueva manera de pensar, entender los negocios, relacionarme y crecer profesionalmente. Lo llamo “el Disney World del emprendedor” porque me recuerda a un parque temático, donde te dan un mapa en la entrada y puedes ver cada zona temática totalmente preparada para lograr que tus sueños se hagan realidad.

En Silicon Valley, en lugar de niños persiguiendo sus ilusiones, los protagonistas son los emprendedores. Tiene varias zonas temáticas: la zona de los inversores: los VC —venture capitals—, los inversores más importantes del mundo tienen la oficina en la calle Sunhill Road. Representa la mayor concentración de inversores del planeta y donde se cierran la mayor cantidad de operaciones de inversión. Otra zona es la del conocimiento, con la Universidad de Stanford como reina del baile. Ha sido fundamental en la creación de este ecosistema emprendedor. Siguiendo el mapa de Silicon Valley, la otra zona es la de los proveedores de servicios, donde operan abogados, mentores, consultores, aceleradoras e incubadoras de negocio, que se dedican a ayudar a equipos a validar y hacer crecer sus negocios proporcionándoles recursos, y muchas veces, dinero. La más conocida es Y Combinator. Todo es posible. Otra zona es la de las grandes empresas tecnológicas. Google está comprando una barbaridad de terrenos y espacios inmobiliarios de la zona, donde se pueden visitar corporaciones como Apple, Yahoo, Sales Force, Twitter, Facebook, las grandes empresas innovadoras. Empezaron como start-ups y con grandes ideas hasta convertirse en gigantes que alimentan y se alimentan de este ecosistema brutal. La mayoría de start-ups pretenden ser compradas por estos gigantes. Los garajes y los coworkings, donde se trabaja de forma abierta y colaborativa, alojan a las más de 30.000 start-ups que se crean en el Valle.

En San Francisco hay un barrio llamado Mission, debajo de Market Street. Es un barrio más pintoresco, lleno de hipsters, bueno yo diría que todo San Francisco y el Valle es hipster, pero tiene un aire especial y artístico. Como es más barato vivir allí es normal que se instalen tantas start-ups y emprendedores y hayan reconvertido un barrio que había sido más pobre y sigue siendo inseguro. Allí se crean unas 5.000 start-ups al año y mueren el 85% antes de los cinco años. La otra cara es que es el mercado más difícil del mundo, uno de los más caros, maduros y donde solo los mejores de los mejores ganan. Silicon Valley no sorprende por su belleza estética. Viniendo de Barcelona, donde la arquitectura y la histo ria te acompañan a cada paso, solo se ven zonas industriales, barrios residenciales apartados, y todo bastante desperdigado, sin personalidad. No es como el encanto de San Francisco, sobre todo cuando la niebla desdibuja sus puentes. Su belleza está en lo que esconden sus garajes, aulas universitarias, cafés y edificios de cristal. Gentes de todas partes del mundo vienen a formar parte del team USA y Silicon Valley los acoge, siempre que tengan talento, claro. Innovar y el futuro son la clave de un club selecto y secreto. Todo son incentivos para trabajar más y mejor, para merecer estar allí. Más pequeño de lo que pueda pensarse, es un club solo para quien esté bien conectado. El ingreso es muy difícil aunque hacer networking es fácil porque hay más de cien eventos cada día en los que puedes intentar buscar las conexiones adecuadas. La gente es muy abierta, te escuchará y ayudará, pero solo si tienes algo nuevo que aportar.

El día de mi llegada a Silicon Valley fui al despacho de Keiretsu Forum en San Francisco, situado en Market Street. Es un edificio alto de cristal en pleno barrio financiero. La gente iba en tejanos, informal, relajada, a pesar de estar moviendo negocios de millones de dó- lares. Yo vestía mucho más formal. Hace diez años en España no se estilaba tanto ir en camiseta y zapatillas a la oficina. Me puse a trabajar muy duro con los miembros del equipo para aprender los métodos y la estrategia inversora de los business angels, que son inversores privados que invierten su propio dinero en empresas a la espera de un retorno de la inversión, y poder adaptarla a la cultura y realidad española de entonces. El trabajo era más abierto, eficaz, focalizado y motivador. Hubiera currado gratis veinte horas al día solo por la recompensa de sentirme parte del equipo y del lugar. Esta forma de trabajar más abierta y transparente ya se está empezando a implantar en España, pero hace diez años no era así. Quedé tan impresionada por la pasión, el talento, la ambición y la fuerza, que decidí que un día yo viviría allí. Y así pasó cuando al cabo de pocos años me trasladé a vivir a San Francisco como vicepresidenta del grupo multinacional Scaale, con base en la ciudad de la niebla.

He adoptado sus horarios de trabajo, comida y ocio. Me parecen mucho más eficientes que los nuestros en España. De regreso, sigo mi horario americano. A las 7 u 8 ya estás activo y con un café en la mano, normalmente de Starbucks. Se come a las 12 del mediodía. En Silicon Valley puedes encontrar comida de todas partes del mundo, y a la gente parece gustarle mucho la comida mejicana, china, tailandesa e hindú, que no es la misma que encuentras en España. Se come en veinte minutos, y muchos, como yo, delante del ordenador: una ensalada, un bocadillo, algo de comida china o sushi en cajas de plástico transparente. A las cinco de la tarde ya todo el mundo está fuera del despacho, pero a menudo se sigue trabajando. La gente va al gimnasio, cena muy pronto, sobre las seis de la tarde y sigue conectado desde casa porque la conectividad es como una droga para todos los locos de Silicon Valley.