Dits Petits: fotografías que curan

La asociación Dits Petits está formada actualmente por una veintena de fotógrafos voluntarios que se trasladan por los diferentes hospitales catalanes, con los cuales tienen acuerdos, para captar instantes irrepetibles entre familias y niños recién nacidos pero que se encuentran en un espacio tan especial como son las unidades de cuidados intensivos. “Sabemos que estas instantáneas tienen un poder terapéutico y que pueden ayudar a las personas que pasan por este momento tan duro”.

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as experiencias más duras son las que unen más. Podéis preguntárselo a Mireia Navarro, a Manu Mestre y a Victòria Peñafiel, que ya hace tres años decidieron captar con sus objetivos momentos irrepetibles de la lucha por la vida en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) de recién nacidos de los hospitales Vall d’Hebron y Can Ruti y la Clínica Dexeus. “Todo surgió de una conversación inicial con Victòria, ya que las dos nos conocíamos y habíamos trabajado en proyectos solidarios anteriormente. Después de pasar situaciones similares con nuestros hijos nos dimos cuenta de que no teníamos fotos de aquellos momentos tan difíciles”, explica Mireia. Juntas impulsaron la asociación Dits Petits, dedicada a documentar esos momentos tan complicados y especiales para las familias. Así, se pusieron manos a la obra para que, de manera voluntaria, las familias que pasan largas estancias en la UCI o bien viven el postparto con angustia tengan un recuerdo positivo de aquel momento.

Dits Petits está formado actualmente por una veintena de fotógrafos voluntarios que se trasladan por los diferentes hospitales catalanes, con los cuales tienen acuerdos, para captar instantes irrepetibles entre familias y recién nacidos pero que se encuentran en un espacio tan especial como son las unidades de cuidados intensivos. “Sabemos que estas instantáneas tienen un poder terapéutico y que pueden ayudar a las personas que pasan por este momento tan duro”, asegura Victòria. Actualmente la asociación ofrece sus servicios gratuitos en tres hospitales de la provincia de Barcelona pero acaban de firmar un convenio con el ICS que les permitirá extender su tarea por toda Cataluña.

Para los padres de los niños ingresados en la clínica es una manera de tener recuerdos de momentos en que en lo que menos se piensa es en hacer fotografías. Lo corrobora Davínia, una vecina de Sant Vicenç dels Horts que hace dos años tuvo a Joel en la semana 30 de embarazo en el Vall d’Hebron, después de casi dos meses de reposo por la ruptura de la bolsa  embrionaria. “Cuando los primeros días de esta nueva vida son tan difíciles, nadie piensa en el recuerdo y que aquello que viven lo querrán compartir con el niño cuando crezca”, explica. Estando en la habitación de la clínica le llegó un papel donde se podía leer: “Tú encárgate del niño, que nosotros nos encargamos de las fotos”. Y así lo hizo. Dejó entrar a Mireia y su cámara en su vida cotidiana, que transcurría entre pasillos y habitaciones de hospital, sin ver la luz al final del túnel. “Es un instante en que ves a tu niño lleno de cables y tubos y no piensas que sea un momento para hacerle fotos. Teníamos fotografías hechas con nuestros móviles pero eran muy íntimas, solo para nosotros”, explica, aún conmovida, Davínia, recordando unos momentos tan delicados. “La idea de que un fotógrafo profesional nos retratara la vivimos con naturalidad. Así, conseguimos dejar grabado el momento en que Lucía, mi hija mayor, de 4 años, entró en la UCI y dio la mano, por primera vez, a su hermanito. Si no fuera por Mireia, no tendríamos un recuerdo tan presente”. Estas fotos fueron un canal para liberarse del ahogo y toda la tensión y el miedo que vivió en el hospital. Pasado un tiempo, cuando mira las fotos recuerda que “lo que sientes es que fue duro, fueron momentos de gritar, de rabia, de impotencia y de dolor, pero ves el resultado y estás orgullosa de cómo Joel luchó y de cómo lo hemos superado”, recuerda, ahora ya feliz, esta madre.

Se trata, sin embargo, de una experiencia que permite un enriquecimiento de ambos implicados. Para Manu, otro de los fotógrafos del proyecto, este trabajo le aporta “sobre todo experiencia, porque es muy enriquecedor ver a la gente tan agradecida”. Parte del atractivo de estas fotografías es que son muy íntimas, de contacto físico entre el bebé y los padres, piel con piel. “A nosotros nos gusta más cuando podemos hacer un seguimiento y documentar la evolución del bebé porque también establecemos un vínculo más próximo con los padres y cuando vuelven a casa el momento es muy bonito”, afirma Mireia, que recuerda muy nítidamente el caso de Joel, al que fotografió desde sus primeros días.

Desgraciadamente, también hay niños que no consiguen sobrevivir. “Nosotros vamos a fotografiarlos igual y en estos casos las fotos toman otro valor, incluso mayor, porque muchas veces ayudan a los familiares a superar el luto”, añade la fotógrafa de Dits Petits.

Si una familia quiere tener un seguimiento fotográfico de su bebé desde su nacimiento prematuro hasta que el niño se va a casa, puede ponerse en contacto con el hospital y ellos ya se comunican con esta asociación. Dits Petits tiene ya una franquicia en Galicia denominada Dediñas y que cuenta con un grupo de fotógrafos dedicados a captar momentos de belleza en instantes de angustia.

PULPITOS DE GANCHILLO PARA BEBÉS PREMATUROS
En medio de los niños prematuros rodeados de cables y máquinas, a menudo encontramos unos pulpitos de ganchillo, con la cabeza grande y ocho pequeñas patas, que con sus colores vivos rompen el gris del momento. Pueden encontrarse en la mayoría de hospitales catalanes con unidades de neonatología y están confeccionados por diferentes ángeles de la guarda, miembros de asociaciones y entidades sin ánimo de lucro o particulares que dedican su tiempo a mejorar la vida de los más pequeños.

En la web de Popets Solidarishay instrucciones detalladas sobre el patrón a seguir para crear el muñeco, los tipos de hilo que se tienen que utilizar y los diferentes tipos de relleno sintético hipoalergénico para la cabeza del animal.

Esta iniciativa solidaria ha servido para descubrir que estos muñecos de ocho patas ayudan al desarrollo de los niños nacidos antes de las 37 semanas. Se trata de una idea que surgió en Dinamarca en 2013 y que se ha exportado por toda Europa.