De ruta por la Barcelona de Sagnier

Enric Sagnier no solo fue el encargado de proyectar el templo que corona la cima del Tibidabo, sino también el de otras 300 obras registradas a lo largo y ancho de la ciudad y que le convierten en el arquitecto más prolífero de Barcelona. Nadie construyó más que él y, pese a ello, el reconocimiento social del que actualmente goza es escaso
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os encontramos en el punto más alto de Barcelona. Desde aquí, el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, en el Tibidabo, controla todo cuanto sucede en la ciudad. Con solo alzar la vista hacia las montañas una se da cuenta de la omnipresencia de un templo que sirve como punto de partida perfecto para recorrer la Barcelona de Enric Sagnier (1858-1931) y descubrir a uno de los grandes arquitectos de la ciudad.

Supo adaptarse y amoldarse a los gustos de la burguesía catalana y acabó por convertirse en uno de sus arquitectos de cabecera

Enric Sagnier no solo fue el encargado de proyectar el templo que corona la cima del Tibidabo, sino también el de otras 300 obras registradas a lo largo y ancho de la ciudad y que le convierten en el arquitecto más prolífero de Barcelona. Nadie construyó más que él y, pese a ello, el reconocimiento social del que actualmente goza es escaso en comparación con su aportación arquitectónica. En la época de las redes sociales y el marketing podría considerarse a Enric Sagnier como uno de los grandes ausentes en el imaginario colectivo de la Barcelona modernista de Antoni Gaudí, Josep Puig i Cadafalch o Lluís Domènech i Montaner.

Enric Sagnier fue coetáneo de todos ellos, aunque cuentan las crónicas de la época que nunca se consideró un artista y sí un buen profesional. Tampoco se ciñó ni a estilos ni a cánones primando siempre la sobriedad y funcionalidad de sus obras tanto si se trataban de proyectos modernistas como más clásicos. Supo adaptarse y amoldarse a los gustos de la burguesía catalana y acabó por convertirse en uno de sus arquitectos de cabecera. Gran parte de sus obras fueron peticiones y casas particulares de grandes familias de la Barcelona de finales del siglo XIX. De todas ellas, la Casa Arnús sea probablemente una de las más significativas. ‘El Pinar’, como es conocida la que fuera residencia del doctor Manuel Arnús, se erige gótica, volumétrica y policromada en la Carretera de les Aigües, cerca de la parada del funicular del Tibidabo. Desde allí descendemos hasta Brusi para observar la que fuera casa de verano de la familia Sagnier y los jardines que la ciudad de Barcelona dedicó recientemente a Sagnier. La cuarta parada de esta particular ruta nos lleva hasta la mismísima Avenida Diagonal. Junto a Passeig de Gràcia, y entre dos modernos edificios de oficinas, encontramos la Iglesia de Nuestra Señora de Pompeya.

Aquí hacemos un alto en el camino para descubrir uno de los aspectos más destacados no solo de la obra, sino también de la vida de Enric Sagnier: su profunda fe cristiana. Católico y practicante, Sagnier dedicó gran parte de su vida a la religión desde su vertiente profesional alcanzando el grado de arquitecto diocesano de Barcelona. Suyas son algunas de las principales parroquias construidas en los barrios obreros de la afueras de la capital catalana entre finales del siglo XIX y principios del XX. Asimismo, fue nombrado arquitecto oficial de la Basílica de Montserrat en 1903 y de la Catedral y el Papa Pío XI, en reconocimiento, le nombró Marqués de Sagnier en 1923.

Ecléctico, no solo tuvo tiempo para proyectar una media de 10 obras por año, sino también para dedicarse a la vida política de la ciudad. Su hermano Joaquim fue alcalde de Barcelona (1913-1914) y él, diputado en dos ocasiones

DEL VATICANO A PERTH

Marqués y arquitecto inclasificable, Enric Sagnier está presente también en una de las grandes arterias de Barcelona. Nos detenemos ahora en el Passeig de Gràcia, concretamente en el número 2-4. Allí encontramos las Casas Pascual i Pons encargadas por los hermanos Sebastián y Alexandre en 1890. Unos pocos números más arriba, en el 37, encontramos la Casa Mulleras. Su sobriedad ornamental y estilo neoclásico se alejan del modernismo de los edificios que componen la llamada ‘manzana de la discordia’ en la que también se encuentran la Casa Lleó Morera, la Casa Batlló y la Casa Amatller de Dómenech i Montaner, Gaudí y Puig i Cadafalch, respectivamente. El esplendor del modernismo de Barcelona en unos pocos metros cuadrados y un contraste de estilos que permite entender lo inclasificable que resultaba en su época, pero también ahora, Enric Sagnier.

Las obras de Enric Sagnier tienen eso: no sé si podría llamarse la maldición de la cotidianidad. Esa que hace que pasen desapercibidas al tratarse de edificios tan presentes en las vidas de los barceloneses

Ecléctico, no solo tuvo tiempo para proyectar una media de 10 obras por año, sino también para dedicarse a la vida política de la ciudad. Su hermano Joaquim fue alcalde de Barcelona (1913-1914) y él, diputado en dos ocasiones. Siempre de la mano de la sección católica de la Lliga Regionalista. Católico y conservador, Enric Sagnier provenía de una familia acomodada de Barcelona. Su padre fue presidente de la Caja de Ahorros y él, como arquitecto, fue el responsable, ya en su etapa de madurez, de diseñar la sede de la Caja de Pensiones de Barcelona en Via Laietana. Sí, el edificio que se encuentra justo a tocar de la Plaza Urquinaona y por delante del que todos hemos pasado tantas veces. Las obras de Enric Sagnier tienen eso. No sé si podría llamarse la maldición de la cotidianidad. Esa que hace que pasen desapercibidas al tratarse de edificios tan presentes en las vidas de los barceloneses. Esa cotidianidad, no obstante, no resta valor a las obras. Esta última, sin ir más lejos, fue pionera en la utilización de cemento armado y revestimiento de piedra.

Como decíamos al inicio del artículo, Enric Sagnier siempre prefirió ser considerado profesional de la arquitectura que artista. Ese fue su gran reconocimiento en vida. Tanto que su buen hacer traspasó fronteras y hasta océanos. En la ciudad australiana de Perth, Enric Sagnier proyectó el edificio de Nueva Nursia gracias a un misionero catalán, Fulgenci Torres Mayans, que bien conocía la obra del arquitecto más prolífero que ha dado Barcelona hasta el momento. Un honor que bien se merecería formar parte de las rutas arquitectónicas de la ciudad. El Palacio de la Justicia en el Passeig Lluís Companys y la Aduana del Puerto de Barcelona en Colón son las dos últimas paradas de una ruta mucho más amplia. Pero por este sábado de invierno ya hay suficiente. Para los más curiosos, la familia Sagnier lleva años reivindicando la figura del arquitecto. En la web www.enricsagnier.com podréis encontrar listadas y ubicadas gran parte de las obras del inclasificable y ecléctico arquitecto modernista. También algunas de las que no han sobrevivido al paso del tiempo como el antiguo Frontón Barcelonés o el primer Hotel Colón de Plaza Catalunya.