Clara Schumann. Notas sobre una artista olvidada

Aprovechando que todavía nos encontramos en la primera mitad del año tal vez habría que recordar al sector melómano un aniversario que a menudo pasa desapercibido tanto en las programaciones de las grandes salas como en las noticias musicales. Se trata del bicentenario del nacimiento de Clara Wieck Schumann, una de las grandes compositoras del romanticismo alemán.

C

lara Wieck Schumann (née Clara Josephine Wieck. Leipzig, 1819 – Frankfurt am Main, 1896) fue una artista alemana que se dedicó tanto a la composición como a la interpretación pianística y fue ampliamente reconocida por sus contemporáneos. Tristemente hoy en día su nombre no pertenece al repertorio habitual de las salas de conciertos más concurridas, ni tampoco al repertorio curricular de las escuelas de música.

La familia de Clara vivió siempre de la música, primero de los conciertos que daba su madre, Mariane Tromlitz Wieck, reconocida y admirada pianista, y posteriormente de la fama de pedagogo que su padre, Friedrick Wieck, recibió a través de su esposa. La madre de Clara era conocida por su talento interpretativo en el piano, pero también por sus clases de canto y piano, que le aportaban una autonomía poco habitual en las jóvenes de la época. En 1823 Mariane se marchó de casa dejando atrás a sus tres hijos y su furibundo marido para volver al año siguiente después de haber cultivado su fama por toda Europa. Según la ley sajona de ese entonces, en caso de divorcio los padres tenían la custodia total de los tres hijos mayores. Por lo tanto, en 1824, cuando el divorcio entre Friedrick y Mariane se hizo oficial, Mariane tuvo que abandonar a sus hijos; Clara sólo disfrutó de la compañía materna hasta los cinco años de edad.

En un ambiente privado de calidez femenina, Clara empezó a componer mayoritariamente música de cámara y de la misma manera que los niños prodigio de la época, fue llevada de gira por las grandes cortes europeas y admirada por su fantástica técnica. En 1840 cedió a los deseos de un joven Robert Schumann que tendía a la depresión y no contaba con muchos recursos económicos, y se casó con él. El padre Wieck, que no estaba nada de acuerdo con la decisión de su hija, se opuso firmemente, hecho que empujó Clara a llevar su caso a los tribunales, que dictaminaron en su favor. A raíz de esta separación paterna Clara recuperó el contacto con su madre, con quien Robert tenía muy buena relación, y Mariane fue capaz de asistir a su hija como madre y abuela.

“Una mujer no puede desear componer, nunca ninguna mujer ha sido capaz de hacerlo. ¿Por qué debería ser yo la primera?»

La misoginia institucionalizada de la época, que actualmente se cree superada y aceptada, era un obstáculo constante en la vida de las mujeres (jóvenes y no tan jóvenes) que gozaban de un talento extraordinario y por tanto no es difícil adivinar las relaciones anímicas que Clara debía mantener con los hombres que la rodeaban a nivel íntimo y profesional; de hecho, una de las citas más conocidas de la compositora es «alguna vez había creído poseer talento creativo, pero he desestimado la idea; una mujer no puede desear componer, nunca ninguna mujer ha sido capaz de hacerlo. ¿Por qué debería ser yo la primera?», una reflexión punzante que enmarca el pensamiento de una época y que nunca veremos escrita en caligrafía masculina. A pesar de los pensamientos turbios de Clara, su carrera profesional acabó de una manera que muchos considerarían brillante, como profesora de piano del Conservatorio Superior de Frankfurt.

La figura histórica de Clara fue redescubierta por las musicólogas de los años noventa, mayoritariamente influidas por el llamado «feminismo cultural», y rápidamente incluida dentro del canon clásico germano al que pertenecen personajes como Johannes Brahms, contemporáneo e íntimo amigo de ella. A pesar de la evidente importancia de Clara Wieck Schumann a nivel histórico, cultural y musical, la programación actual de las salas de concierto sigue obviando esta figura que, en vida, superó la fama de su marido y compañero de vida, siendo ella quien interpretaba las obras de aquél a causa de su frágil salud, y la persona que aportaba los recursos económicos necesarios para sobrevivir como núcleo familiar. Además, recibió la admiración de algunos de sus contemporáneos con más renombre, como Brahms, Chopin o Mendelssohn.

 

 

En nuestra apremiante actualidad, cuando las jóvenes mujeres exigen sueldos paritarios, se plantan ante el abuso y la infravaloración constante por parte de compañeros, amistades, historiadores y musicólogos, deja de ser válido que compositoras tan trascendentales como Clara Wieck Schumann sigan formando parte del reino de las sombras. La tarea de las historiadoras que dedicaron gran parte de su vida académica a recuperarla de entre los estantes y los cajones polvorientos no ha sido en vano. Es tiempo de incluir a Clara, de forma destacada, dentro de la historia contemporánea de la música.