Foto de Guillaume Piron

Cambio climático: ¿por qué cada vez hay más piojos?

El cambio climático y el mal uso de los tratamientos para combatirlos han ayudado a que esos seres que suelen habitar en las cabezas de los más pequeños sean, cada vez, más grandes y resistentes.

L

a ciudad de Barcelona lucha contra una auténtica plaga de piojos. Un tema que ha traspasado las puertas de los colegios y que afecta a todos los vecinos por igual, tengan, o no, hijos en edad escolar. Por ello, el Ayuntamiento ha tomado la iniciativa lanzando un comunicado para informar a la población y aclarar la manera de actuar para combatirlos.

Mientras unos se preguntan cómo es posible que haya tantos piojos en esta época, cuando su periodo normal de aparición es a finales de verano y en otoño, otros se plantean el por qué de tal invasión y, quienes la sufren directamente, anhelan también saber cómo pueden acabar con ellos.

Son muchos los estudios que apuntan a que el incremento de la temperatura incide directamente sobre el número de plagas de insectos a las que nos enfrentaremos

Uno de los factores que, sin duda, ha ayudado a magnificar este problema es el cambio climático. Además de lo que ya todos sabemos, como la alteración de las estaciones o el aumento de los fenómenos atmosféricos extremos, existen muchos otros campos que se ven afectados por este aumento en la temperatura del planeta.

Son muchos los estudios que apuntan a que el incremento de la temperatura incide directamente sobre el número de plagas de insectos a las que nos enfrentaremos. Ya se ha cifrado el alcance de las pérdidas en algunas cosechas, como las de trigo o arroz, en un 20% por cada grado de aumento en los termómetros, tal y como publicó recientemente la revista Science.

La razón por la que estos cambios afectan al número de insectos es muy sencilla. Con más calor, estos invertebrados se reproducen más rápidamente a la vez que cambia su metabolismo, lo que provoca que estén más hambrientos y devoren más vegetales. También cambia su ciclo vital, algo que explica que cada vez sea más común ver moscas en invierno, por ejemplo. Pero los cultivos no serán las únicas víctimas por este aumento en la cantidad de insectos.

Hace poco más de un año, el precio del salmón se disparó debido a una epidemia de piojos marinos. El calentamiento de las aguas de los océanos provocó un cambio en el ciclo de vida de estos animales que, sumado a su rápida reproducción, causó una gran concentración de los mismos ante la que muchos salmones no pudieron sobrevivir.

Vegetales, animales y también humanos. Y así volvemos a los piojos que habitan en las cabezas no solo de los niños, también de muchos adultos. Ápteros que no suelen superar los dos milímetros, que viven entre el cuero cabelludo y que se alimentan de sangre.

Su número ha aumentado de forma alarmante y no solo en nuestro país, con el clima cada vez más cálido. Ahora están llegando a latitudes donde antes era muy raro encontrarlos, como pueden ser los países nórdicos.

Por lo general no suponen un riesgo grave para la salud. No transmiten enfermedades, pero las molestias que provocan son elevadas. Los niños pequeños, expuestos a sus constantes picaduras en la cabeza y al picor que estas producen, pueden provocarse fácilmente rasguños en el cuero cabelludo al rascarse que, en muchos casos, llegan a infectarse. Incluso se han registrado casos de anemias leves debidas a los piojos.

El problema actual no radica únicamente en la mayor cantidad de piojos. El asunto se agrava al conocer que cada vez son de mayor tamaño, por lo que comen más, necesitan más sangre y, lo que es realmente preocupante, son resistentes a los tratamientos habituales.

Durante años se han usado los productos destinados a acabar con los piojos sin seguir las pautas recomendadas. En muchos casos, ante la alarma de piojos en el colegio se echaba mano del champú o la loción de turno durante el tiempo que se creía apropiado, sin comprobar si realmente era necesaria su aplicación. Error.

Al igual que el mal uso de los antibióticos ha provocado que las bacterias muten hasta hacerse resistentes, con los piojos ha sucedido algo muy similar. Los tratamientos a base de permetrinas y piretrinas ya no funcionan. Y es que diversos estudios apuntan a que, en los últimos 20 años, ha habido más de 100 mutaciones de los piojos, lo que les permite resistir a los productos más comunes.  

Los expertos recomiendan pasar a los niños la lendrera una vez a la semana

Si tomamos como referencia que con un champú específico para combatir la pediculosis, término con el que se denomina a la infestación de la piel por piojos que causa una irritación cutánea, solo acabamos con un 60 o 70 por ciento de los inquilinos no deseados en las cabezas, la única forma de deshacernos de ellos es el trabajo mecánico. Así pues, la paciencia y el trabajo constante son la solución.

La lendrera, ese pequeño peine que tiene las púas muy juntas, se debe convertir en el mejor aliado. Hay que pasarla despacio, separando cuidadosamente todos los mechones para no dejarnos ni un solo pelo infectado. Un consejo muy útil es poner una toalla o trapo blanco para que, si cae un piojo, puede verse fácilmente.

Una vez la cabeza esté limpia no hay que confiarse. Los expertos recomiendan pasar a los niños la lendrera una vez a la semana. Esto se debe convertir en una costumbre más, un nuevo hábito de limpieza en todos los hogares con niños pequeños.

Los ftirápteros (nombre científico que reciben los piojos) suelen vivir entre 16 y 30 días, tiempo en el que pueden llegar a poner hasta 300 liendres, como se conoce a sus huevos. Estas bolitas blancas brillantes incuban durante una semana, aproximadamente. No hace falta recurrir a una calculadora para afirmar que, si un niño pilla un piojo y no se le trata, en un mes puede tener la cabeza totalmente infestada por los mismos.

Entre los 3 y los 8 años es la edad más vulnerable. El único motivo es que la forma de contagio es tan sencilla como el contacto entre las cabezas, algo que a esta edad ocurre con facilidad. Los piojos no saltan ni vuelan, y necesitan el calor corporal y la humedad para sobrevivir. Por eso el contagio siempre es directo y, en raras ocasiones, por intercambio de algún objeto infectado como puede ser un gorro o una almohada.

A los piojos les gustan las cabezas calentitas y les da igual que estén limpias o sucias, que tengan el pelo largo o corto o que lleven coleta o trenzas. La idea de que los piojos son señal de falta de higiene está casi desterrada, pero no del todo. Por este motivo, todavía muchos padres prefieren no contarlo y actuar como si nada pasase, propiciando así que la plaga no se detenga y sea mucho más dificultoso acabar con ella.