Barcelona enamora a Topolina, el atelier de moda de exotismo marroquí

El pasado 12 de septiembre abría en la avenida Pau Casals 2 la tienda Topolina, regentada por Isabelle Lallemang y su hijo Pierre-Henry Ramaget. Exuberancia, color, miscelánea de tejidos, un mundo onírico que transporta al cliente a un oasis en Marruecos, país donde Topolina tiene también tienda y atelier, y de donde provienen gran parte de los tejidos de espíritu mediterráneo que, transformados en piezas atemporales, nos recuerdan que somos mediterráneos y que el color es nuestra esencia.

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arcelona roba el corazón a los que la visitan. Eso lo tenemos claro. Hay, sin embargo, quien fruto de este hechizo decide abrir una sede de su negocio y hacerlo todo en menos de un mes. Con tienda y atelier en Tánger, diferentes negocios en Marrakech y una boutique en Bruselas, Isabelle y su hijo Pierre-Henry decidieron pasar unos días de vacaciones en Barcelona. La energía de la ciudad y, a la vez, la paz y calma que aporta estar entre el mar y la montaña, así como la arquitectura y el espíritu mediterráneo, los cautivaron completamente. Paseando por el área de Turó Parc encontraron en alquiler un pequeño local en la avenida de Pau Casals y decidieron lanzarse a una nueva aventura empresarial abriendo una nueva boutique Topolina donde aportar el frescor y el exotismo de Marruecos, de donde proceden prácticamente todas las telas de sus piezas y donde son fabricadas. Un sueño hecho realidad, una sorpresa más del destino. Pero es que Barcelona es de ensueño. Tanto es así que al frente de la tienda está la belga Christine Vero, que no ha dudado en trasladarse a nuestra ciudad.

Isabelle es una especie de demiurgo. En su atelier en Tánger, donde vive y trabaja, va haciendo patrones, mezcla estampados, añade accesorios e idea los acabados que después envía a Marrakech y Fez para su elaboración. No sabe parar quieta. “Necesito trabajar con las manos. De golpe me levanto por la mañana y quiero poner otro forro a un abrigo, mientras tanto tengo la idea de una nueva camisa cuyo patrón haré después…”, explica. Precisamente, Topolina es su sobrenombre por el hecho de ser una persona que adora cocinar a partir de muchos elementos diferentes y hacer nuevas recetas cada día, un poco como hace con la ropa. En su juventud estudió Historia del Arte, pero los fines de semana iba a casa de una modista que había trabajado en Dior y aprendió a patronar, cortar y confeccionar. “La moda siempre ha sido mi pasión”, explica.

“Adoro Dries Van Noten, Marni y Etro. Precisamente, me gustó que nuestra tienda barcelonesa estuviera cerca de Etro.” Y es que las tiendas cerca de Turó Parc se diferencian por mostrar piezas que huyen de las tendencias del momento y apuestan por un sello propio.

“Es curioso que en Barcelona, tan multicultural y mediterránea,  la gente vista de manera tan sobria y en colores oscuros. Incluso los desfiles se hacen en espacios sin prácticamente luz.”

Tanto es así que es imposible no pensar en Yves Saint Laurent, quien después de haber trabajado en Dior quiso huir de la alta costura abrazando el ready to wear con un estilo propio y único, con piezas como el caftán o la sahariana, nacidas en África. Argelino de nacimiento, decidió un febrero de 1966 visitar Marrakech con su pareja sentimental y socio empresarial, Pierre Bergé. Como explica este último en el libro Yves Saint Laurent. Une passion marocaine: “Nos despertamos y el sol brillaba. (…) No olvidaremos nunca aquella mañana porque, en cierto modo, decidió nuestro destino.” Desde entonces siempre que podían se escapaban a Marrakech, donde se hicieron construir una casa que actualmente es el Museo Yves Saint Laurent. Perderse por sus calles, con sus olores a menta y a especias, ver a los encantadores de serpientes y, sobre todo, la multitud de colores y estampados de los tejidos africanos conquistaron a Saint-Laurent completamente.

Entrar en la tienda Topolina cautiva como Las mil y una noches y, como le sucedió a Yves, dejas atrás el ruido de Francesc Macià (en su caso, de las calles de París) y te sumerges en un mundo de delicados tejidos y mucha sofisticación en los estampados. “Hacía falta una tienda así de refrescante. Es curioso que en Barcelona, tan multicultural y mediterránea, la gente vista de manera tan sobria y en colores oscuros. Incluso los desfiles se hacen en espacios sin prácticamente luz. Topolina tiene piezas increíbles y, además, hace pequeñas cantidades de cada modelo, por lo que te sientes superexclusiva con sus ropas”, expone Maria Borges, estilista y escaparatista. “Adoro los estampados, tengo un vestido de Topolina que me trajo mi madre de Marruecos y me lo pongo un montón y siempre gusta. Sinceramente, en Barcelona tendríamos que arriesgar más vistiendo”, reafirma Paola Steanton, Relaciones Públicas.

En la inauguración de la tienda había muchos amigos y conocidos de Isabelle y de su hijo y, a pesar de la lluvia de aquel día, mucha gente entró interesada por el evento y el tipo de tienda, decorada con murales de estampación vegetal, muebles vintage, cuadros con fotos de clientas históricas y pequeñas cornisas con bolsos de mano, pañuelos… “Cada tienda tiene un espíritu diferente: en Bruselas la tienda tiene más un estilo de brocanterie, típico de la capital belga. Aquí quisimos dar un aire más mediterráneo”, expone Pierre-Henry, que se ocupa de la parte económica de la empresa. “En Marrakech tenemos una tienda dedicada únicamente a ropa y complementos para hombre, una idea que quizás también implementaremos en un pequeño corner en esta sede en Pau Casals”, añade. Asimismo, venden online y en algunas tiendas multimarca por todo el mundo.

Con un rango de precios que va de los 130 a los 500 euros, Topolina es una tienda donde encontrar piezas de corte impecable, tejidos como la seda y el terciopelo, y un cromatismo y estampado que denotan muy buen gusto y que seguro favorecen mucho más que muchas piezas sobrias por las que nos decantamos a menudo. El encanto marroquí ya tiene parada y fonda en nuestra casa. Barcelona enamora a primera vista.