Agenda cultural mundo noviembre 2018

AGENDA CULTURAL
por JACOBO ZABALO

Una selección mensual de conciertos,
artes escénicas y exposiciones.

MÚSICA Y
ARTES ESCÉNICAS

MÚSICA Y ARTES ESCÉNICAS

 01 / 11 / 18 

Sheku Kanneh-Mason cello, Isata Kanneh-Mason piano

Liverpool, 30 de noviembre

El violonchelista Sheku Kanneh-Mason es una de las últimas sensaciones en el mundo de la música clásica. Su fantástico disco de debut, Inspiration, mostraba una clarividencia en el fraseo poco habitual en un joven de su edad y una contundente forma de atacar partituras de lo más diversas: desde un concierto para violonchelo de Shostakovich a su particular versión de No Woman no Cry, tema popularizado por Bob Marley, sin olvidar por supuesto -en signo de reconocimiento- la labor desempeñada por nuestro Pau Casals, con la sensible interpretación de El cant del ocells. Seguramente, la intervención de Sheku Kanneh-Mason en la ceremonia matrimonial del príncipe Enrique le supuso el reconocimiento masivo de sus habilidades, más allá del círculo de melómanos. En Liverpool, a principios de mes, se ha programado un evento con orquesta en que interpretará el fabuloso concierto de Edward Elgar, pero las entradas están agotadas hace semanas.

El recital que recomendamos, a diferencia de lo que ha sucedido con su programación en el Barbican londinense (también “Sold out”) sí que cuenta con entradas disponibles, aunque se ha tenido que trasladar a la sala grande del auditorio de Liverpool (“Due to high demand, this performance will now take place in the main Auditorium, and not the Music Room as previously advertised”). Sheku Kanneh-Mason es de hecho sólo uno de los siete hermanos, todos ellos músicos, que progresivamente -cabe prever- podrían irse sumando a la causa y protagonizando eventos tan interesantes como este, de momento en formato duo: Sheku e Isata (piano) se enfrentarán a un repertorio virtuoso y diverso, con piezas de Boccherini, Debussy, Poulenc y Brahms.

Paul Badura-Skoda

Viena, 6 de noviembre

Escuchar a Paul Badura-Skoda interpretando en el Musikverein las tres últimas sonatas para piano de Franz Schubert, puede suponer una ocasión absolutamente imborrable. Un recital triplemente vienés (compositor, intérprete y auditorio) para recordar de por vida.

El veterano pianista, nacido en Viena en 1927, fue uno de los más discretos de la generación de grandes virtuosos, sin reclamar la atención de un modo notorio ni beneficiarse de una excesiva promoción. Con todo, sus grabaciones son numerosas y de gran calidad, centradas sobre todo en el repertorio de tradición vienesa (Mozart y Schubert). Su praxis interpretativa destaca aún por la calidez y la inteligibilidad de las líneas melódicas. Nunca quiso épater a base de un virtuosismo estridente sino más bien buscar la manera más natural y fluida de deletrear las composiciones, ya fuera con un instrumento de época, fortepiano semejante a los empleados por los compositores en el momento de concebir sus piezas, o con un piano moderno (el que previsiblemente empleará para llegar a los oyentes de la sala grande del auditorio vienés). Las tres últimas sonatas de Schubert se han entendido como un testamento musical, pues las compuso en los últimos meses de vida y se considera que son las más formalmente elaboradas. Por supuesto, destacan asimismo por la presencia de pasajes de tremenda belleza, indisimuladamente melancólicos. La gestión de los materiales por Schubert -esa tendencia a la repetición en células- provoca no sólo una mayor conciencia del hecho musical por el oyente, sino la apercepción del timbre del propio instrumento, que dialoga con el silencio -el no-ser- de una forma tan hermosa como abismal. Nadie mejor que Badura-Skoda para acompañarnos por la realidad de la brecha que se abre entre la ausencia de sentido y la búsqueda de una significación que hemos de considerar urgente en el caso de un Schubert consciente de su enfermedad y de la proximidad del fin.

Symphonieorchester des Bayerische Rundfunks

Tokyo, 22 de noviembre

La Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara (Symphonieorchester des Bayerische Rundfunks), una de las más importantes del viejo continente, es habitual de las principales salas de concierto, en todo el mundo. La han dirigido nombres tan fundamentales como Leonard Bernstein, Wolfgang Sawalisch, Carlos Kleiber o, recientemente, Daniel Harding.

En la actualidad el director titular es Mariss Jansons, un músico visionario, con una encomiable capacidad para promover versiones poderosas del repertorio sinfónico más complejo, manteniendo una impecable clarividencia en lo que refiere a la estructura de los monumentos sonoros que interpreta. Por causa de una cancelación de última hora, el carismático Zubin Mehta se hará cargo del nuevo programa, todavía centrado en Gustav Mahler, que el 10 de noviembre habrá interpretado en su ubicación más frecuente, la sala de conciertos de Gasteig en Munic. Los intrincados y excesivos efectos que el compositor bohemio recompone con una inusitada valentía sonoros -aquel caleidoscopio tímbrico, aquella confluencia de tradiciones- podrán oírse en Tokyo junto a la grandiosa última sinfonía de Mozart; en un contexto manifiestamente alejado de su origen, pero que lleva décadas interesándose por las composiciones, directores e intérpretes occidentales. La distancia no sólo aporta perspectiva sino una visión distinta sobre lo mismo. Sin duda, contexto contribuye a la significación del texto, es decir, de la obra interpretada ¡Quién pudiera, en este sentido, poder asistir a ambos eventos, tan iguales y distintos!

ELEKTRA

Milán, del 4 al 29 de noviembre

La escenificación de Patrice Chéreau para la ópera Elektra, de Richard Strauss, se recupera en el prestigioso Teatro alla Scala de Milán. Se trata de la última contribución de este metteur en scène,

muy apreciada en el Festival de Aix-en-Provence, y que también pudo admirarse en el Gran Teatre del Liceu hace apenas dos temporadas. Destaca por la sobriedad de las líneas y proporciones, que recuerdan a las del contexto griego, en que se inspira la versión de la tragedia por Strauss. En la versión de Milán, además, se contará con un director de primerísimo nivel, como Christoph von Dohnányi, y un elenco vocal que ofrece las mejores garantías: Ricarda Merbeth, Waltraud Meier, Michael Volle y Roberto Saccà, en los roles principales.

Teodor Currentzis y MusicAeterna

Madrid, 28 de noviembre

Theodor Currentzis ha sido coronado como el enfant terrible de la dirección, desde su surgimiento en el panorama musical, en los últimos años. Parece, no obstante, que ya ha acumulado méritos suficientes para que se le deje de considerar como un mero revolucionario.

De hecho, ha pasado a formar parte de los mejores programas y eventos -localidades agotadas en todos sus conciertos, este verano, en el Festival de Salzburgo- manteniendo, eso sí, una actitud completamente insobornable, que tanto puede deparar éxitos sonados como versiones aparentemente caprichosas. La fama que le dio la trilogía operística de Mozart sigue siendo un buen ejemplo de ello: excelente versión de Le nozze di Figaro, interesante Cosí fan tutte y un Don Giovanni, en cambio, que defraudó las expectativas. En cualquier caso, el carácter apasionado del director garantiza emociones fuertes en el concierto del Auditorio Nacional, especialmente al contar con un programa centrado en otro provocador -o al menos renovador, hablamos de Gustav Mahler- que en su época fascinó a unos cuantos y disgustó a otros tantos. Caleidoscópica y sincrética, su obra reúne influencias, tradiciones (colores y ritmos) de procedencia diversa. Tanto el ciclo de canciones Des Knaben Wunderhorn como la Cuarta sinfonía, que culmina con un movimiento cantado, son obras -las dos programadas en la ocasión, con protagonismo del barítono Florian Boesch y la soprano Anna Lucia Richter- representativas de su manera de componer y de su amor por la naturaleza, en que se evidencia el anhelo humano de reparar la escisión y volver reunirse con el elemento originario, desde una consciencia trágica, típicamente finisecular.

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EXPOSICIONES

EXPOSICIONES

 01 / 11 / 18 

Humberto Rivas. El creador de imágenes

Madrid, hasta el 5 de enero de 2019

La Fundación Mapfre ofrece una exposición retrospectiva centrada en la obra de uno de los fotógrafos más influyentes en el contexto cultural de la Barcelona de las últimas décadas de Siglo XX, y en suma uno de los artistas fundamentales para entender el desarrollo de la fotografía en España. Llegado en 1976 desde Buenos Aires, Humberto Rivas destacó por la idiosincrasia de su lenguaje artístico. Como señalan los organizadores, Rivas era “todo lo contrario de un ‘cazador de instantes’. Lo suyo no tenía nada que ver con la casualidad, ni siquiera con la falsa audacia del voyeurismo; era un constructor de imágenes. Trabajaba esencialmente en el estudio con cámara de placas, y en exteriores lo hacía pensando globalmente en el conjunto de su trabajo. Con su obra, la fotografía española se abría a una nueva forma de documentar desde la búsqueda de la impronta del tiempo, de la cultura, de la memoria. Sus imágenes siempre incorporan la mirada del espectador, y en ellas siempre existe una posibilidad de diálogo”. De hecho, la invitación del sujeto a ser retratado es algo que el propio fotógrafo planteó, dando a entender la reciprocidad de influencias en el curso del proceso creativo. “Sus personajes, que al igual que los paisajes de la ciudad, según le gustaba decir, ‘lo eligen para ser registrados por su cámara’, atienden a una particular contradicción: son paisajes sin personas y personas sin paisaje; o lo uno o lo otro, nunca juntos en una misma imagen”.

PICTURE FICTION: KENNETH JOSEPHSON AND CONTEMPORARY PHOTOGRAPHY

Chicago, hasta el 30 de diciembre

La sobreabundancia de imágenes que diariamente nos rodea, componiendo casi a modo de collage la realidad que se percibe de continuo, es reflejada de manera autocrítica en la sensacional exposición que ofrece el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago

bajo un título suficientemente elocuente. Picture Fiction: Kenneth Josephson and Contemporary Photography recoge en gran medida la contribución del fotógrafo norteamericano. Nacido en 1932, a lo largo de décadas desarrolló una suerte de “fotografía conceptual” que trasciende de forma autoconsciente la mera captación de la realidad, para mostrar que las fotografías no son neutras, sobre todo no cuando parecen representar naturalmente algo. Siempre hay una idea que se desarrolla, una intencionalidad más o menos consciente, y algún tipo de artificio (en la selección parcelada y excluyente de aquello que se opta por representar, a parte de la realidad toda): “El trabajo de Josephson se centra en las cualidades únicas de una fotografía, específicamente en cómo se recorta, reproduce, circula o archiva. Usando técnicas visuales como tomar fotografías de fotografías, sus imágenes a menudo se glosan a sí mismas con sentido del humor cruel”. La superposición de imágenes dentro del marco de una instantánea abre la posibilidad de perspectivas inherente a un mirar que nunca es único, incluso cuando una sola es, en efecto, la imagen masivamente reproducida.

Egon Schiele - Jean-Michel Basquiat

París, hasta el 14 de enero de 2019

Egon Schiele y Jean-Michel Basquiat, incomprendidos en sus respectivas épocas por la vehemencia iconoclasta de sus obras, son reunidos en la exposición de la Fondation Louis Vuitton.

Partiendo de una evidente distancia temporal -el primero nació en las postrimerías del Imperio Austrohúngaro, el segundo en el Nueva York de los años 80- ambos consiguen cuestionar el statu quo artístico a través de una creatividad que se aparta dramáticamente de la calzada real, en lo que respecta a gustos y a técnica. El carácter intempestivo e indomable de sus propuestas se corona míticamente con la fatalidad de una vida breve (28 años) como si tanta intensidad no pudiera desplegarse a lo largo de más de tres décadas.

MAGIC REALISM: ART IN WEIMAR GERMANY 1919-33

Londres, hasta el 14 de julio de 2019

Perfectamente conscientes de lo inadecuado del término “realismo mágico”, los organizadores de la exposición centrada en el arte de entreguerras alemán, en la Tate Modern, aprovechan esa denominación casi a modo de provocación

(es habitualmente aplicada al tipo de literatura, producida en Latinoamérica, que combina elementos costumbristas, a priori exentos de toda mística, con la sorpresiva presencia de lo espiritual o lo increíble, en sus múltiples variantes). Pues lo que coinciden en ofrecer los cuadros de artistas tan conocidos como George Grosz u Otto Dix -así como otros menos populares, por ejemplo, Albert Birkle o Jeanne Mammen- es una cruda plasmación de la realidad menos creíble y, con todo, real. Reflejan todos ellos -en palabras de los organizadores- “el cambio del arte de la era expresionista hacia la veracidad fría y las imágenes inquietantes. En el contexto del creciente extremismo político, el nuevo realismo reflejaba una experiencia social fluida, así como mundos internos de emoción y magia”. Formas de vida comunes en su época, pero muy contrastadas, se reflejan implacablemente y con técnicas próximas al arte más primitivo, a veces de apariencia simplista o grotesca, desafiando incluso las ansias de experimentación de generaciones previas. Los temas se hallan igualmente distanciados de la, en efecto, ya muy distante “academia”: desde los desastres de la primera Guerra mundial a los nuevos modos de diversión, en insoportable antítesis o jolgoriosa retroalimentación, haciendo bueno el significativo título empleado a modo de descripción de la exposición, como para invitar a experiencias de alta intensidad: Encounter the uncanny and mysterious through the art of the Weimar Republic (“Encuentro con lo siniestro y misterioso a través del arte de la República de Weimar”).

Delacroix

Nueva York, hasta el 6 de enero de 2019

La maravillosa exposición que el Louvre dedicó hasta el 23 de julio a Eugène Delacroix, uno de los pintores más emblemáticos del romanticismo francés, implicó a otras pinacotecas de referencia, como la del Metropolitan de Nueva York, que toma el testigo.

Para quienes no pudieran disfrutar de ella en la capital del país que vio nacer al artista, tendrán ahora la ocasión de verla desde el nuevo mundo, quién sabe si con una mirada diferente. Delacroix, que retrató a artistas como Chopin, es apreciado por la riqueza de su paleta de colores y la expresividad del trazo. En el Metropolitan podrán apreciarse lienzos como el icónico La liberté guidant le peuple. Contra lo que pudiera pensarse -teniendo en cuenta la reproducción insaciable de muchas de estas obras, convertidas casi en estampas- Delacroix no sólo pretende que el espectador asista a una escena, sino que lo hace partícipe de un estado de ánimo, que trasciende los cánones de lo artísticamente correcto. La agitación, las emociones que plasma se dirigen a la forma de mirar del propio espectador, con el que en muchos casos logra empatizar. No en vano, es la mentalidad romántica -a pesar de las vanguardias y revoluciones artísticas- todavía una de las más emparentadas con la actual, caracterizada por la búsqueda de vivencias intensas (que, dicho sea de paso, a menudo se confunde con la mera, y más bien banal avidez de novedades).

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