Agenda cultural mundo enero 2019

AGENDA CULTURAL
por JACOBO ZABALO

Una selección mensual de conciertos,
artes escénicas y exposiciones.

MÚSICA Y
ARTES ESCÉNICAS

MÚSICA Y ARTES ESCÉNICAS

 01 / 01 / 19 

DON GIOVANNI

París, 10 de enero

Posiblemente sea el Don Giovanni de Wolfgang A. Mozart la ópera más importante del siglo XVIII. Con mayor seguridad, si cabe, se la puede considerar como la más influyente durante el XIX, muy especialmente por el elemento sobrenatural que encarna el hombre de piedra, enfrentado a un Don Juan que no recae en la mera demonización. El seductor despierta la repulsión más férrea y también una fascinación extraña, por las incontinentes ansias de vida, que lo precipitarán al reverso tenebroso. La temática ha permitido que las puestas escenas, a lo largo de décadas, fueran de todo signo: desde actualizaciones o versiones futuristas, en que se aprecia la compulsión erótica, a lecturas clásicas, en que sobreabunda el elemento galante en contraste con su frenética transgresión. Pero una obra de esta envergadura, tan musical y textualmente rica (maravilloso libreto, el de Da Ponte) se presta a ser disfrutada asimismo en versión concierto. Giovanni Antonini, especialista en música antigua, conocido por sus vibrantes lecturas de Vivaldi, se ocupará de la dirección de la Kammerochester Basel, junto al Deutscher Kammerchor. Una fiesta para los sentidos.

Mariss Jansons and Evgeny Kissin

Berlín, 17-19 de enero

La madurez interpretativa del ex niño prodigio del piano, Evgeny Kissin, podrá disfrutarse en la sala grande de la Filarmónica de Berlín, uno de los mejores conciertos que durante el primer mes de año programa el histórico auditorio

y para el cual, extrañamente, todavía se pueden encontrar entradas disponibles. Cada vez cuesta más acceder a estos eventos (motivo por el cual nunca se recomiendan conciertos de la arquitectónicamente espectacular Ebphilarmonie de Hannover) si no es por abono, o con muchísima antelación. La pieza en que Kissin podrá evidenciar sus mejores dotes como intérprete -claridad en el fraseo, sonido redondo y una resolución técnica difícilmente comparable- es el Concierto para piano núm. 1 de Franz Liszt, una obra fogosa, repleta de pasajes virtuosos que exigen del intérprete la absoluta concentración en el control de los volúmenes. Los ecos fáusticos son evidentes desde el inicio de la misma, con una especie de fanfarria amenazante y la furiosa intervención del solista que copa el protagonismo, hasta que vuelven los metales mucho más discretos, y el discurso se repite en susurro, alcanzando las regiones más sutiles de la sensibilidad pianística. De 0 a 100 en intensidad, y de nuevo al silencio, para abordar el espectro sonoro en su totalidad; el del pathos de la sensibilidad romántica, siempre abierta al sentimiento y a su experiencia en directo. La fama visionaria del compositor húngaro -sensible también al sentido del espectáculo, y a la apreciación del público de los prodigios técnicos à la Paganini- concierne asimismo al tratamiento orquestal, que es de una suntuosidad y pujanza admirables. La Filarmónica de Berlín, que se prevé comprometida en estos lances, refrendará su posición en el top de las orquestas con la interpretación, en la misma velada, de una pieza tan enjundiosa y memorable como el Así habló Zaratustra, de Richard Strauss, poema sinfónico inspirado por la serie de discursos paródicos que recompuso Friedrich Nietzsche basándose en diversas tradiciones espirituales. El director del evento musical, uno de los maestros más carismáticos de la actualidad: Mariss Jansons.

Kazushi Ono

Tokyo, 10 de enero

El director titular de la Orquestra de Barcelona i Nacional de Catalunya, Kazushi Ono, actúa en su ciudad de origen al frente de la Tokyo Metropolitan Symphony Orchestra.

El maestro Ono, que reconoce haber trabajado en Europa en los últimos 25 años, está familiarizado asimismo con el conjunto japonés -no en vano es su director titular- con quien interpretará dos piezas de enorme complejidad: la Sinfonía núm. 6 de Anton Bruckner, uno de sus característicos monumentos sinfónicos, y el Concierto para violín de Arnold Schönberg, partitura visionaria e intrincada, que Patricia Kopatchinskaja, una de las solistas más buscadas en la actualidad, encarará con plenas garantías.

Olafur Arnalds

San Francisco, 31 de enero

El precioso Warfield Theatre parece un lugar idóneo para acoger la propuesta minimalista del compositor y pianista islandés Olafur Arnalds.

Si el mes pasado recomendábamos un lugar de culto en la ciudad de Los Angeles, en el presente apuntamos la dirección de un espacio no menos mítico, en que el paso del tiempo se respira junto con la belleza propiamente arquitectónica. Un escenario que sugiere historias vividas por otros y con las que resulta difícil no empatizar. La música de Arnalds ha sonado en formas arquitectónicas de toda índole, edificios laicos o religiosos, locales pequeños o grandes salones, espacios cerrados o abiertos, con un punto en común, y es que invitan a una experiencia casi cinematográfica de la propia vivencia. La simplicidad de sus composiciones -que en su último disco, Remember, se acompaña de más instrumentos y se beneficia del uso de la electrónica, con un gusto exquisito- tiene la habilidad para percutir en la fibra sensible, dejar recuerdos impresos en el alma o desempolvar algunos que se creían olvidados.

Das Rheingold

Madrid, del 17 de enero al 1 de febrero

No deja de sorprender la tremenda capacidad de trabajo de Pablo Heras-Casado, muy solicitado internacionalmente (por las principales salas de concierto y al frente de conjuntos con historia centenaria)

y que ahora lo trae de nuevo a Madrid, concretamente al Teatro Real, para afrontar nada más y nada menos que la primera entrega de la tetralogía wagneriana. El oro del Rin, que contará con un elenco de cantantes de primer nivel -entre los cuales Greer Grimsley, Sarah Connolly y Samuel Youn- y la puesta en escena de Robert Carsen (la producción es de la Oper Köln), narra el inicio de un periplo en busca del poder. En la presente versión, lejos de reflejarse míticamente aquellas ansias fundacionales, lo que se ofrece es una especie de diagnóstico epocal. Difícilmente el espectador de hoy en día no se sentirá interpelado, al mostrar una visión del mundo en que las relaciones naturales han sido trastocadas decisivamente por el hombre. Se explica, en este sentido, que “el compositor ya supo intuir la incompatibilidad entre las leyes de la naturaleza y las de los seres humanos, y anticipó las consecuencias que ello acarrearía”. Y no sólo eso, los organizadores señalan que esta producción “nos sitúa ante un mundo en estado de sitio, irreversiblemente contaminado, devastado por la avaricia de poder del hombre que, tratando de controlar su entorno, ha acabado abocado a su propia destrucción”. La gloriosa música de Wagner, de alto poder evocador, permite apuntar y sublimar un escenario preocupante, que en efecto parece demandar la concienciación y -por qué no- la intervención reparadora del hombre. Una reflexión acerca del significado de la verdadera riqueza, que no es sólo moralizante. Atañe en un sentido muy pragmático a la autoconservación del individuo y del futuro de la especie.

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EXPOSICIONES

EXPOSICIONES

 01 / 01 / 19 

Caravage à Rome, amis & ennemis

París, hasta el 28 de enero

Caravaggio fue una personalidad controvertida en su tiempo, con partidarios y detractores, como se apunta en el título de la presente exposición (Caravage à Rome, amis & ennemis). De lo que no cabe duda, retrospectivamente hablando, es del lugar que ocupa en la historia del arte. Difícilmente puede encontrarse un pintor con su virtuosismo técnico y su capacidad para captar el momento decisivo -el más dramático y significativo- de la escena representada, que fija mediante rasgos perfectos, con una fidelidad al original aparentemente absoluta.

Esta suerte de hiperrealismo avant la lettre contrasta con la irrealidad de muchos de los temas escogidos, temas impregnados -según los textos sagrados, por ejemplo- de una explicación sobrenatural. Lo increíble del suceso es representado como acaeciendo efectivamente, lo cual sobreabunda en el gusto Barroco por el ensueño y la experiencia de una forma superior de realidad, elevándose la verosimilitud y el grado de participación en la escena. Son “sólo” diez las pinturas reunidas en el Musée Jacquemart-André de París, de las cuales 7 -se explica en la web informativa- nunca antes habían pisado territorio francés. Teniendo en cuenta el reducido número de caravaggios que se conocen, no es descabellado plantearse una excursión para contemplarlos (pues, en realidad, es difícil ver en un mismo lugar esa cantidad). Además de los motivos religiosos que representó durante su estancia en Roma -entre los cuales, un Ecce homo, el episodio correspondiente a La cena de Emaús o su apreciado San Jerónimo, la exposición incide en aquella rivalidad que lo enemistó con otros pintores. Pueden no ser motivos intrínsecamente artísticos, pero dramatizan y otorgan una narrativa a la vida y obra de un creador ciertamente irrepetible e inalcanzable, haciéndolo algo más próximo, casi humano.

Bruce Nauman

Nueva York, hasta el 25 de febrero

El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) ofrece una exposición especialmente representativa de la búsqueda de medios expresivos por parte de Bruce Nauman,

un artista alejado de cualquier forma de autocomplacencia estética, y comprometido con la comprensión de aquello que escapa a la comprensión. Explican los responsables de la exposición que “Nauman ha pasado medio siglo inventando formas para transmitir tanto los riesgos morales como la emoción de estar vivo. Al emplear una tremenda gama de materiales y métodos de trabajo, revela cómo las experiencias mutables de tiempo, espacio, movimiento y lenguaje proporcionan una base inestable para comprender nuestro lugar en el mundo. Para Nauman, tanto hacer como mirar arte implica "hacer cosas que uno no quiere hacer en particular, ponerse en situaciones desconocidas, experimentar resistencias para descubrir por qué uno se resiste". En un momento en que se siente la noción de verdad cada vez más atacada, su trabajo obliga a los espectadores a renunciar a la seguridad de lo familiar, “manteniéndonos alerta, siempre vigilantes y desconfiando de ser seducidos por respuestas fáciles”. Se desprende de esta fenomenal aproximación al espíritu vacilante de su obra la taxativa renuncia a la categorización de su trabajo, que incluye desde “acuarelas delicadas, letreros luminosos de neón, instalaciones de sonido, pasillos de video”. Todo ello recuerda la ingobernante variedad de aquella búsqueda, así como el perpetuo cambio en que se encuentra sumido aquel que busca.

Color and Light: The Neo-Impressionist Henri-Edmond Cross

Potsdam, hasta el 17 de febrero

Cada movimiento artístico viene rubricado por grandes nombres, representantes de un estilo con características que se suponen comunes, el conocimiento mutuo y la presencia de inquietudes

estéticas relativamente intercambiables, en sintonía con su tiempo de vida. Ello facilita la identificación y celebración de los principales creadores, pero al mismo tiempo deja al margen otros tantos nombres, que a excepción del círculo de expertos no suelen ser ubicados. Si pensamos en la llamada escuela impresionista y su forma de pintar al aire libre la fluctuación de los fenómenos naturales, a base de pinceladas aparentemente inconexas, nos saldrán una decena de nombres, entre los cuales probablemente no figure el de Henri-Edmond Cross. Ciertamente, habrá quien lo considere post-impresionista, por su avanzado puntillismo (pero incluso este -ismo no lo contempla de entrada, pues entronizó a otros dos: Seurat y Signac). El museo Barberini de Potsdam, a pocos kilómetros de Berlín, le dedica una maravillosa exposición, en que pueden reconocerse aquellos rasgos y temática. Más allá de los tópicos, sin embargo, se puede disfrutar aún con la plasmación de motivos y escenas mediante una atrevida confluencia cromática, esa re-composición a partir de tonalidades disímiles que la retina acomete para identificar la realidad natural, intelectualmente unificada en el acto de comprensión (un procedimiento fenomenológico que desde la filosofía ya Kant había tanteado el siglo anterior). En cualquier caso, la brecha que separa y reúne abstracción y figurativismo se vislumbra, apasionante, no sólo en la obra de los post-impresionistas más populares -Van Gogh, Gauguin o Cézanne- sino también en Henri-Edmond Cross.

Banksy

Madrid, hasta el 10 de marzo

Una de las paradojas a las que se enfrenta el arte contemporáneo, y que también Banksy ha escenificado jocosamente es la de la veneración de una obra que se reivindica transgresora,

antiacadémica y, en muchos casos, cuestionadora del statu quo y de la conciencia bienpensante de los propios consumidores de arte. Banksy ha celebrado esta paradoja en el soporte gris de las urbes, su ámbito natural, así como en las glamurosas salas de subasta, en que una obra suya -recién comprada- se autodestruyó mediante un sistema de cuchillas. Pero también, por supuesto, con la maravillosa película Exit Through the Gift Shop, en que un imitador se hace tan auténtico a los ojos de los veneradores de arte como el propio Banksy; aquel que basa parte de su artificio en el rechazo frontal a la mostración de la identidad, en otras palabras, a dejarse poseer como artista. Genius or Vandal?, el título de la exposición a él dedicada, abunda en esa boutade: el espacio público es invadido con un arte tan subversivo que ni siquiera se puede regocijar de sus hazañas antisistema -sin caer en la trampa del éxito artístico- ni por supuesto ser calificado con el romántico epíteto de “genio”. La disyuntiva es, por tanto, falsamente excluyente… como todo en Banksy. No se trata de una disyuntiva garibaldiana -tipo “Roma o morte”- sino que la toma de posiciones se halla impregnada de una ambigüedad constitutiva. La dificultad reside en apreciar su arte sin ser cómplice de la buena conciencia que deriva de la participación en la denuncia, una conciencia que eximiría finalmente de toda responsabilidad. Vandalismo genial o genio vandálico, la cuestión fundamental -lo fascinante de Banksy- es que opera como espejo que se refleja a sí mismo, alternando la conciencia de su propia mirada con la de una realidad distinta, que nunca es del todo ajena. Banksy se revela, más acá de toda ambigüedad, como un humanista. Y si alecciona, lo hace con una forma despiadada de amor -por usar una expresión de Slavoj Zizek- poniendo en el mismo plano la humana capacidad para crear y su no menos potencial estupidez.

Modern Couples. Art, Intimacy and the Avant-garde

Londres, hasta el 27 de enero

La visión del artista como genio absolutamente autónomo -que parecería emerger por generación espontánea, ajeno a las influencias de su entorno- se ha demostrado falsa en la gran mayoría de casos.

En este sentido, resulta cada vez más frecuente descubrir en las muestras de creatividad la huella de sus seres más próximos, y muy concretamente de las respectivas parejas. Una completísima exposición en el Barbican londinense ilustra la retroalimentación artística que se dio en muchos de los creadores fundamentales para el desarrollo del arte del siglo XX, tanto en los casos en que ambos miembros de la pareja eran artistas reconocidos como en los que no. Algunas de las duplas presentes en la exposición son Dora Maar y Pablo Picasso, Salvador Dalí y Federico García Lorca; Camille Claudel y Auguste Rodin; Frida Kahlo y Diego Rivera; Emilie Flöge & Gustav Klimt, Alma Mahler y Gustav Mahler, Lee Miller y Roland Penrose, Georgia O’Keeffe y Alfred Stieglitz. La web que anuncia el evento aporta, además, detalles de algunas de esas parejas, tan artísticamente fecundas en término de retroalimentación. Se detiene por ejemplo en el caso de Rodin/Claudel, que hicieron mutuamente de modelos y en suma resultaron de gran inspiración para sus propias obras.

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